Una sociedad que no exige mucho tampoco puede recibir mucho. Todos sabemos que la escalada de precios de gasolina, gas y electricidad va a generar aumentos en otros productos y le pega a la cotización del dólar y a las tasas de interés, como ya hemos visto.

El turno le toca a CFE, que no sube las tarifas de los hogares, pero sí las sube a los negocios. Tú pensarás que no te afecta, pero sí lo hará porque los precios de los productos subirán y el gobierno recibirá más IVA que tú pagarás.

Resulta que ahora consumes los mismos kilowatts, pero la forma de calcular es otra e inventan factores nuevos y cargos que sencillamente son un cambio de precios; pero no sólo eso, ahora se están presentando “errores de cálculo” y muchas empresas están teniendo alzas de 100% y hasta 300% en sus recibos. Agrupaciones empresariales se han acercado a la CFE y reciben las respuestas de siempre: “Revisarán las fórmulas y corregirán errores”.

Estamos seguros que las autoridades locales están preocupadas por estos cambios que provocan crispación en los usuarios empresariales, pero todos sabemos que el fondo no es más que una subida de precios disfrazada de tecnicismos.

No hay reforma energética que aguante un déficit fiscal del gobierno. Y si fuera privada la generación de electricidad le hubieran incluido impuestos como a la gasolina y otra vez pagamos mayores precios que los mundiales, sólo que las utilidades de las empresas irían a engrosar el capital de otros países cuando, si fueran mexicanas, aumentarían el ahorro interno que nos hace menos dependientes del crédito externo.

México es el país de los monopolios, se estima que pagamos un 20% de más que los precios internacionales de todos los artículos y servicios bancarios; esos son generados por falta de competidores que no pueden surgir por trámites y requisitos del gobierno.

Las nuevas fórmulas de cálculo no han sido explicadas con detalle y argumentos válidos y nada más vienen a abonar a un clima de estridencia y de resentimiento de miles de pymes que no ven otra salida que asumir el gasto, pero que manifestarán su descontento en el voto.

Los desequilibrios económicos en el ingreso familiar causan cambios en la intención del voto más allá de izquierdas y derechas y esto es muy peligroso, pues las propuestas y estilos pasan a segundo plano.