Son casi 66 millones de mexicanos los que están conectados a internet, 83% tienen redes sociales y son su principal fuente de información diaria, pero esto conlleva un gran defecto: no es posible verificar la verdad o mentira proveniente de esa fuente.

Ya es cosa probada que las guerras sucias funcionan, las medias verdades y las medias mentiras provocan sentimientos rápidos y rotundos que son más fáciles de asimilar que los juicios lógicos y analíticos; lo vivimos en la campaña de Estados Unidos, la descalificación sostenida con medias verdades, la denigración de la mujer como sexo débil, las acusaciones a los migrantes y complots no comprobados le costaron la presidencia a Clinton. Nada fue verdad, pero cuando las acusaciones son sobre percepciones, cuando los señalamientos negativos son genéricos, no puedes afirmar que es una mentira; eso es la guerra sucia: decir mentiras o verdades no comprobables que puedan afectar a otro.

La regulación de la difamación a personas o partidos políticos del INE es para radio y televisión, pero en internet es muy difícil de identificar el origen y es ahí donde se está gestando el ring de las campañas políticas, es ahí donde se genera un espacio sin regular que será aprovechado para diseminar información falsa o quizá verdadera pero distorsionada y sin comprobar, con tal de afectar a los adversarios.

El problema es que la calidad de las propuestas ya no tiene relevancia, el debate de las soluciones ya no mueve a la sociedad; ya no hay tiempo, defenderse de los ataques y planear nuevos es la prioridad.

Los institutos electorales no pueden dejar de ser ajenos a este fenómeno, las autoridades estatales tampoco. No deben atenderlos sólo como una intromisión en los procesos electorales sino como un impedimento a la cultura de información de calidad para definir una decisión democrática. Denostar con la guerra sucia es como una enfermedad que afecta la calidad del voto y por lo tanto la de los líderes sociales.

Fue Hitler el que aprovechó la crisis económica de Alemania para armar una campaña de odio y erigirse en líder, pero estas campañas tienen un defecto y lo dijo Gandhi: “Lo que se obtiene con violencia sólo puede conservarse con violencia”.

Recuerden, si ven en sus WhatsApp o redes ataques sin nombre, cuando lleguen al poder van a hacer lo mismo con cualquier persona o institución.