Imagínense que después de las elecciones el nuevo presidente pone un fiscal anticorrupción y caen muchos funcionarios corruptos, el Poder Judicial no traba los juicios y en un año se termina la corrupción; así, también, la inseguridad se resuelve vía tolerancia cero y las bandas de criminales caen como en Colombia en los 90.

No habrá desvíos de dinero y los recursos llegarán a los más desfavorecidos, los hospitales tendrán medicinas y las escuelas mejor infraestructura. ¿Eso compone la economía? ¿Eliminar la corrupción hace que los salarios suban? ¿Hace que los precios bajen? Definitivamente no. La falta de competidores en el mercado hace que los precios suban y paguemos caros boletos de avión, electricidad, gasolina, servicios bancarios, cemento, alimentos procesados, etc. Los monopolios han surgido del exceso de trámites y concesiones en lugar de sólo cumplir requisitos; de subastas donde el dinero concentra negocios en lugar de fraccionarlos para involucrar el capital privado regional; de concentrar compras federales en lugar de poner precios objetivos y propiciar compras regionales para distribuir mejor la riqueza en el país.

La concentración del mercado por decreto y las subastas han depredado a los empresarios regionales, desplazando al empleado profesionista regional por simples vendedores en el interior del país. Necesitamos un presidente nacionalista que fomente el capital privado regional, ya que de esta manera los salarios profesionales subirán y la competencia abundará y eso sí bajará los precios.

Cuando entramos al TLC, se sabía que las industrias no iban a llegar porque la mano de obra china desplazó las manufacturas mexicanas por otras más caras; en cambio llegó el comercio minorista de EU y sus prácticas depredatorias, ejemplo: una empresa de muebles o papelería o súper entra al mercado mexicano con 200 tiendas, se acercan a los fabricantes y les exigen mejores precios y exclusividades, así van matando los comercios minoristas y al fabricante le bajan el precio y lo que no venden se lo devuelven fuera de temporada; lo peor del caso es que exportan las utilidades al extranjero, diluyendo el capital privado mexicano.

Cerrar el comercio global no es la opción, pero acuerdos globales de proveeduría, ofertas a precios depredatorios o listas de precios diferenciados son ilegales en cualquier normativa de competencia en mundo desarrollado. Urge facilitar negocios hoy sobrerregulados.