El llevar a los hijos a su centro de entrenamiento es positivo,  representa el respaldo de sus padres hacia ellos para alcanzar sus metas, sin embargo, esto puede mejorar aún más si los papás se suman a esa práctica deportiva.

Actividades como el taekwondo, karate, gimnasia y kung fu, pueden ser practicadas por toda la familia, lo cual fomenta la unidad y si no se puede en el dojo, se puede realizar en casa, incluso salir a caminar juntos, manejar bicicleta, etc, lo importante es la convivencia.

El poder convivir es parte de las artes marciales, el ser amable en casa es el inicio de la esencia marcial, de hecho, en  los centros de entrenamiento, suelen promocionar paquetes familiares a fin de que todos los integrantes se sumen a las clases, de tal manera que se afecte lo menos posible las finanzas del hogar. A final de cuentas es una de las mejores inversiones.

Los valores y principios impartidos en artes marciales son universales, aplican en todos lados respeto, fortaleza mental, capacidad de tomar decisiones y análisis, esto y más proporciona valor agregado a los ejercicios y habilidad para defenderse.

De hecho, los credos en cada arte marcial aportan mensajes de superación personal más allá de las técnicas de combate. Como ejemplo les comparto el decreto de la Defensa Personal Holística, el cual se adapta a cualquier arte marcial, incluso a quien no entrene ya que constituye un estilo de vida.

Me muevo para avasallar, conquistar y hacer realidad mis metas, me enfrento a mis peores miedos y los derroto porque quiero, puedo y lo hago, soy una persona de éxito. Hoy, conquisto lo imposible, hoy me activo para ganar, hoy soy potencia explosiva sin miedo a nada.

Soy atrevido como el tigre, ligero como un águila, ágil como ciervo y fuerte como león. Este tipo de pensamientos, repetidos una y otra vez al terminar la clase aportan mayor seguridad en los alumnos, incluso lo pueden repetir antes de realizar un examen escolar o bien, al asumir un reto profesional y combatir la depresión.