Estos días tengo la suerte de estar cerca durante 24 horas de un sujeto de seis años que vive inmerso en el mundo tecnológico –su hábitat está en el terreno del celular, la tableta y la computadora, aparatos que maneja como experto- y que el otro día me preguntó: “¿Cómo te divertías cuando eras niño? ¿De veras no había celulares? No lo puedo creer”.

Cuando le dije que los juegos en esos lejanos años eran el yoyo, la kimbomba, las canicas, el trompo, el tirahule y el beisbol en la calle, extrañado y sorprendido me respondió: “No entiendo cómo podían vivir sin celulares. Yo no podría”.

He de decirles que este pequeño individuo acaba de descubrir la magia de la lectura. En dos semanas –durante las recientes vacaciones de fin de año- se empeñó en aprender a leer y a contar y lo hizo en ambos casos. “Es fácil –me explica-, sólo tienes que saber cómo juntas las letras”.

Yo no se si sea fácil o no –me vienen a la mente recuerdos de cuando tenía su edad y mi “chiste” era leer el periódico cuando íbamos de visita a la casa de don Chumín, el concesionario entonces de la publicación en Valladolid-; lo que sí se, porque lo veo, es que este muchachillo no cesa de leer. Mientras está despierto, cualquier cosa que tenga letras y pase por sus ojos es víctima de su avidez. Presume que ya leyó su primer libro, ya comenzó el segundo y me pide que cuando lo termine yo le compre un tercero cuyo título ya escogió.

Y si de manejar los aparatos electrónicos se trata, puede darte todas las explicaciones que hagan falta y programar en mi celular –o en su tableta- los juegos de Lego, Star Wars o cualquier otro en que haga falta destreza para construir o para pelear con los malos. El otro día en una aplicación cuyo nombre no recuerdo, pero que sirve para hacer construcciones, me hizo una residencia en la playa con dos niveles, terraza, piscina, jardín con palmeras, chimenea, luces que se apagan cuando sales y se encienden cuando entras y todo en 3D.

Yo, con perdón de mi admirada colega Elena Arcila, no le veo al sujeto este pinta de millenial. Es un preocupado por la ecología, me llama la atención si por descuido tiro algo al piso y es un “científico investigador” que tiene en curso un estudio del “espacio sideral” (palabras suyas) para ver si podemos vivir fuera de la tierra.

Como él, seguramente hay miles y eso me da esperanzas.