Últimamente se ha estado hablando mucho de los periodistas y de los periódicos –de los medios de comunicación en general- y he comprobado la veracidad de una frase que le oí decir a Carlos Marín, el director editorial de Milenio: “Este es el único gremio en el que perro sí come perro y en el que todos nos leemos las cartas” y reafirmado mi convicción de que lo peor que le puede pasar a un periodista es convertirse él en noticia (me viene a la mente aquella Carmen, no la dueña de “la cadenita” que a alguien se le perdió).

A mí me puede mucho –no sé a los demás- que se diga, por ejemplo, que los periodistas –los medios de comunicación- estamos maiceados y que el gobierno nos tiene atados de manos y amordazados para que no digamos lo que no le interesa que se diga. No puedo afirmar si eso es verdad o no, porque, hasta hoy, nadie, de ningún gobierno, me ha pedido que me calle algo (a lo mejor no me consideran de peligro ni creen que sea digno de ser tomado en cuenta lo que escribo o digo, o sea soy un equis, diría un joven de hoy) y tampoco sé si a algún medio: radio, prensa, televisión e internet le pagan publicidad a condición de que solape las cosas del gobierno.

Sí me causa tristeza y hasta un poco de dolor –nada que no se cure con un poco de valemadrina liofilizada a baja concentración- que sean periodistas quienes escupan para arriba y llenen de suciedad un oficio en el que llevo 46 años (se cumplen el 8 de marzo próximo a las 2 de la tarde) no se con qué objetivo: si el de parecer apóstoles de la candidez (candidez viene de cándido: blanco, palabra de la que, por cierto, también se deriva candidato) más pura o para ser aplaudidos por el multicéfalo. Lo cierto es que no me gusta oírlo y menos leerlo.

Me había propuesto callar ante lo que en estos días se ha dicho o escrito, pero no puedo. Me gana la gana de responder. Los medios de comunicación son empresas que dan trabajo a miles de personas, y tienen que buscar de dónde sacar para pagarles. He oído a empresarios que señalan a tal o cual medio porque “no ataca” al gobierno, pero lo primero que hacen cuando la crisis les afecta es recortar publicidad (y después despedir empleados). Si la sociedad quiere medios fuertes y combativos, tiene que retratarse en la taquilla: comprar el periódico, oír la radio, ver la tele. Y los empresarios pagar publicidad.

Empujadores al muelle.