Ustedes, señores muy machos, de horca y cuchillo y con el afilado puñal entre los dientes ¿alguna vez han pensado que sería de sus pobres vidas si un día las mujeres deciden ponerse en huelga, pero en huelga de verdad, sin hacer absolutamente nada como no sea lo indispensable: respirar y si acaso tomar agua y algún alimento?

Imagínense ustedes, respetables hombres de pelo en pecho, que fuman puro y escupen por el colmillo, qué sería de sus pequeñas existencias si su abnegada mujer (señora, esposa u otra designación que la sociedad machista le da a las damas de las que la mayoría nos acordamos sólo el 10 de mayo y para regalarles una sartén) un buen día decide que ya no más, que en adelante cada uno de ustedes se va a rascar con sus propias uñas: desde hacerse la comida hasta tener calzoncillos y calcetines limpios y su agua tibiecita para el baño a jicarajazos y ya no digamos una dulce y pícara sonrisa para esperarles en el lecho mullido entre sábanas limpias, suaves y perfumadas que sus manos prepararon para cuando lleguen con medio estoque adentro luego de una juerga con los amigotes.

Hagan cuentas, machotes que se “rajan la madre” y tienen que salir a la calle a pelear con el mundo por llevar para la comida a la casa mientras la “dueña de sus quincenas” se queda en la “comodidad” de su hogar “sólo” cocinando, lavando, planchando, cuidando a los hijos, yendo por ellos a la escuela, llevándolos a natación, al futbol, a las clases de regularización escolar, al médico; viendo cómo estiran los centavos que les dan y vigilando que los niños hagan las tareas y soportando majaderías de los críos (a veces todo eso además de salir a trabajar para completar el gasto).

Y, ¿saben qué? Les tengo una noticia: en Europa, según el diario El país, hay un movimiento que está cobrando fuerza y que consiste en que el 8 de marzo –Día Internacional de la Mujer desde hace casi un siglo- aguerridas señoras se declaren en huelga total y absoluta. Ese día pretenden que las mujeres no hagan nada: desde no ir a trabajar (y cuentan con el apoyo de poderosas centrales sindicales) hasta todo lo demás: TODO, y creo que lo entienden, inteligentes caballeros.

Le llaman “Day Off” (día libre) y, por lo que he podido leer al respecto, van en serio. No habrá cama limpia, ni comida caliente, ni ropita perfumada (tendrán que ponerse sus calzones kiridzes), ni arrumacos en la cama.

Ojalá llegara a Mérida y entonces sí: a temblar machotes. Yo empecé a entrenar ya.