Para muchos visitantes, conocer Yucatán es una experiencia única, inolvidable y que seguramente quisieran repetir en un futuro no muy lejano; me queda claro que nuestro Estado posee maravillas para competir en materia turística y seguir siendo ese punto obligado para muchos al hacer un itinerario. En los últimos años, uno de los destinos que se ha puesto de moda ante los ojos del mundo son las charcas rosas del puerto de Las Coloradas, sin duda un espectáculo natural. Atraído por su fama, decidí visitarlas para conocer un poco más sobre ellas.

Para llegar hasta ahí, necesitas dedicarle un día completo al viaje, pues hay muchas cosas que hacer antes de llegar a las aguas saladas de Las Coloradas. Nuestra primera parada fue en Río Lagartos; para ser precisos, en el balneario Chiquilá, un lugar cómodo, rodeado de naturaleza y lo mejor es que puedes estar ahí sin pagar nada; claro que si quieres comer o dar un paseo en lancha tendrás que desembolsar algo de efectivo.

En mi caso decidí abordar un lancha y hacer el recorrido, llegando hasta un punto en donde se divide el mar, desde ahí ya podrás observar este cambio en el color del agua, debido al proceso químico que generan la sal y los rayos del sol; luego te llevarán a darte un tratamiento de exfoliación con arena extraída del fondo de la ría, que dejará tu piel como pompa de bebé.

Al mediodía, salimos a Las Coloradas; los que nunca han ido, tendrán que buscar el campo de beisbol y justo enfrente está el acceso a las famosas charcas rosas; hasta hace unos meses podrías pasar gratis, pero ahora hay una reja de madera custodiada por guardias que te cobrarán 50 pesos por persona para poder ingresar; el motivo del pago es que esos terrenos pertenecen a la salinera.

Al final del día te aseguro que valdrá mucho la pena, ya que es algo que se ve en pocos lados del mundo, esa división total de los colores; poder mirar la sal de mar pura, tocarla y conocer más de su proceso es algo que tienes que vivir. Si puedes, tómate una foto.