En todo el mundo existen personas que utilizan la indiferencia como una herramienta para enfrentarse a la realidad, quizá más de lo que aparentemente se pueda imaginar. “Sin Amor”, filme dirigido por el ruso Andrey Zvyagintsev, nos cuenta una historia, cuyo hilo conductor es precisamente la indolencia en el plano familiar.

Rodeada de gente, en medio de la cual pasa desapercibida, una familia desintegrada se vuelve el caldo de cultivo de la apatía.

Como principal personaje, Alexéi, un niño de 12 años cuyos padres están separados y cada cual tiene sus intereses perfectamente definidos, entre los cuales no se encuentra el pequeño; la madre Zhenia, una mujer con aspiraciones a la comodidad, busca un nuevo marido con capital para que la llene de lujos; el padre Boris, quien está en busca de formalizar su situación con una nueva pareja, a quien ya ha embarazado, con el fin de establecer otro núcleo familiar, no por amor, sino por necesidades de la empresa donde labora.

Pero el conflicto retratado en la historia va más allá de la indiferencia familiar por el niño, quien parece haberse convertido en un objeto de valor legal para ambos padres, quienes comparten, además de la herencia familiar, una propiedad, gracias a la cual están atados.

El pequeño, al verse menospreciado e ignorado, decide emprender la huida y es ahí donde se magnifican las dimensiones de la falta de interés, retratando a una policía igualmente fría que decide tomar las cosas con calma pasando por encima el dolor familiar y realizando la búsqueda del niño, secuencia que inflige tal tensión al espectador que lo hace situarse dentro de ella.

El retrato que Zvyagintsev hace de Rusia es simplemente lapidario, mostrando la cara gélida de las relaciones personales entre los rusos, que bien podrían adaptarse en individuos de otras partes del mundo, como México, por ejemplo.

“Nadie puede vivir sin amor”, dice Boris, al reflexionar sobre lo que les está sucediendo y poniendo en real contexto el hecho de que ha perdido a su hijo.

La cinta es sin duda bastante buena, recomendable en extremo, aunque el Premio del jurado en el Festival de Cannes le imprime un interés especial, que le aseguro, conservará al salir de la sala. Si es una persona con las emociones a flor de piel, seguramente le resultará un filme inquietante.