Perdonen mi insistencia, pero el problema de la inseguridad vial en nuestras calles amerita un golpe de timón que asegure una mejor convivencia. Los autos, las bicicletas y los vehículos de transporte son algunos de los elementos que conviven en nuestras calles y lo cierto es que al hacerlo exigen un orden y una lógica común; es decir, saber cuándo un auto debe avanzar y cuándo detenerse, los espacios en que los peatones tienen más derecho que los conductores, la posición y características de las señales de todo tipo, con una lógica y una congruencia en los sentidos de circulación.

Lo cierto es que todo esto está ordenado en el reglamento de tránsito que pocos conocen; al recorrer las calles de la ciudad, las diferentes señales que te informan deben tener siempre la misma ubicación, el mismo tamaño y el mismo color, en una estructura vial que debe tener siempre continuidad y no encontrarnos con un sinnúmero de puntos en los que las vías cambian de sentido de circulación, es decir, no podemos seguir adelante.

Hay que entender que cuando nuestros hijos e hijas aprenden educación vial, aparte de aprender a salvaguardar su vida y la de los demás, están aprendiendo mucho más, ya que están desarrollando su propia inteligencia emocional al consolidar sus vínculos con la sociedad, con su entorno, y lo más importante es que están aprendiendo a respetarse y a respetar todo lo que les rodea.

Que nos quede claro que cuando enseñamos a nuestros hijos a circular con respeto y a cumplir las normas de circulación, aparte de extenderles un valioso seguro de vida, les estamos dando mucho más: les estamos enseñando a vivir en sociedad y a siempre compartir los espacios públicos con sensatez y generosidad.

Por esta razón, la educación y la circulación vial deben estar consideradas como un importante valor ético, comparable con la solidaridad, el respeto, la paz, la libertad y la fraternidad. Que no nos quepa la menor duda de que nuestro espacio y libertad como peatón, pasajero o conductor empieza o acaba allá donde empieza o acaba el espacio y la libertad de las demás personas. Para terminar, una frase muy utilizada: «Para saber cómo es una persona, sólo hay que observar cómo conduce y cómo circula».