Platicando con uno de mis nietos en días pasados me preguntó: Avi, ¿cuáles son tus deseos para 2018? Al escucharlo dudé en darle mi respuesta, pero se la dije: mira, para mí lo más importante es que todos cambiemos nuestras actitudes y comportamiento en relación con el medio ambiente; es decir, que seamos responsables en la generación y el manejo de los residuos sólidos, que nos preocupemos por darle un manejo adecuado a nuestras aguas residuales, a la vez que consumamos menos agua y menos electricidad; que entre todos conservemos y mejoremos los espacios verdes, que reduzcamos nuestras emisiones que alteran la calidad del aire que respiramos, eliminando las quemas de zonas con cubierta vegetal, que tengamos un mejor transporte público de calidad para todos, o sea, que todos nos sumemos al compromiso de tener una ciudad y un estado sostenibles.

¿Y por qué son esos tus deseos? Entonces le respondí: ese es mi deseo para que tengamos un futuro mejor y que cuando tú seas un adulto vivas en un entorno mucho más saludable y seguro que el que hoy tenemos, ya que, si seguimos avanzando en el deterioro de nuestros usos y costumbres, las condiciones de la ciudad y el Estado irán empeorando; todo aquello con una visión global, no sólo local.

Lo cierto es que las recientes y continuas transformaciones sociales, económicas y urbanas están produciendo modificaciones sustanciales en las dinámicas de relación con el medio ambiente, lo que hace urgente y necesario un replanteamiento del futuro de nuestras ciudades, con el propósito de avanzar hacia su sostenibilidad, procurando su mejoría.

El modelo de crecimiento horizontal que hemos padecido ha favorecido el incremento del consumo de recursos materiales y energéticos, por encima del aumento del nivel efectivo del desarrollo real, lo que contrasta claramente con la pérdida de calidad y eficiencia de varios componentes de la vida urbana, generando efectos colaterales, evidenciados por el cambio climático, consecuencia de las emisiones de gases de efecto invernadero, el irreversible impacto de la actividad humana sobre la biósfera y la generación de una huella ecológica que pronto no cabrá en nuestro planeta. Estamos ante un conjunto de inevitables retos.