Lo cierto es que todos somos peatones, ya que los conductores, que son quienes conducen los vehículos, y los pasajeros que van en ellos, que viajan dentro de los vehículos sin conducirlos, todos se transforman en peatones cuando se bajan y acceden a su destino caminando. Es decir, todos somos peatones en algún momento.

Es por ello que el espacio del peatón-las aceras y los cruces en las esquinas y en puntos estratégicos-, debe ofrecer al viandante todo el equipamiento y la señalización que le permita circular con seguridad, especialmente a los niños, a los adultos mayores y a las personas con alguna discapacidad.

Los peatones somos la parte más vulnerable y frágil del espacio urbano, ya que no contamos con ninguna protección corporal. En caso de producirse un choque entre un peatón y un vehículo, aunque sea el más liviano, es el peatón el que se llevará la peor parte, es decir, el mayor daño siempre será para el cuerpo del peatón, que puede golpearse fuertemente contra el vehículo, ser aplastado por las ruedas o ser arrojado lejos del automotor para caer y golpearse contra el pavimento.

La realidad es que todos necesitamos una educación vial integral, para procurarnos la seguridad necesaria al caminar por el espacio vial. No hay condición más insegura que la de las personas que caminan atrapadas por su celular y en ocasiones hasta cruzan sin la mínima precaución. Lo que es indiscutible es que los niños ameritan una educación especial, ya que por su estatura muchas veces no pueden ver vehículos que se acercan y creen que pueden cruzar.

Otra verdad es que la ciudad debe tener un amplio y permanente programa para facilitar los desplazamientos a pie, proporcionando equipamientos cómodos, seguros, fiables y accesibles para todos quienes caminamos por ella. Y lo realmente importante es que los cruces deben ser en las esquinas y tener como norma que al cambiar de dirección un vehículo el peatón tiene la preferencia.

Al garantizar la seguridad peatonal se fomentan los desplazamientos a pie, que mejoran la salud, al reducir el riesgo de cardiopatías, accidentes vasculares cerebrales, diabetes y obesidad; la reducción de los desplazamientos motorizados abatirá asimismo la contaminación atmosférica y acústica.