Cada cierto periodo las ideas del hombre se renuevan por la necesidad de sobrevivir, romper el orden establecido y formar una época con una manera particular de ver el mundo. La historia se va nutriendo con estos cambios, rupturas de pensamiento que transforman a las sociedades y dejan huellas en todas las expresiones humanas: desde las más elementales, como el lenguaje oral, hasta estructuras más elaboradas como la religión. Siempre la transformación del pensamiento asegura la vida.

Y es sin duda el siglo XX uno de estos renacimientos debido a las grandes transformaciones a las que dio cabida. En cuestión de décadas el hombre conquistó nuevas tierras, exploró el espacio e incluso creó un mundo nuevo, el digital; sin embargo, el cambio más significativo para la construcción de nuevas sociedades se presentó al iniciar una importante lucha, la de la libertad del pensamiento y del ser.

Al final de los años cincuenta el hombre apenas asimilaba la Segunda Guerra Mundial. Los países que se convertirían en las nuevas potencias comenzaron a construir proyectos de nación formando verdaderos imperios con bases comerciales e ideológicas, mientras que los sectores que durante muchos años vivieron oprimidos poco a poco abrían los ojos y alzaban la voz: 1959, triunfa la Revolución de Cuba de la mano de Fidel Castro y Ernesto “Che” Guevara; 1960, diecisiete países africanos declaran su independencia; 1963, Martin Luther King encabeza una lucha contra la discriminación racial en Estados Unidos; 1965, el activista Malcom X es asesinado por su lucha a favor de las comunidades afroamericanas y musulmanas; 1967, se lleva al cabo el famoso festival hippie conocido como el Verano del Amor… Alrededor del mundo comenzaba a gestarse una conciencia diferente y eran el obrero, el estudiante y el oprimido quienes fueron receptores de estas ideas. Desde esta época el fondo y la forma del mundo se transformarían drásticamente. También lo harían el arte y la literatura.