Durante varios siglos, en México los textos literarios han sido utilizados para formar ideologías, crear conciencia y retratar injusticias, ya que lastimosamente nuestra historia así lo ha requerido. Pensemos desde el origen de la literatura mexicana: en el Barroco novohispano y en la Grandeza Mexicana de Bernardo de Balbuena (siglo XIX), donde la preocupación del autor es mostrar las bondades de esta tierra con la intención de cuestionar el dominio español sobre la población criolla e indígena.

Años más tarde, durante la Independencia, la literatura cobró tal relevancia que fue uno de los medios principales que los republicanos aprovecharon para transmitir los valores que, según ellos, debían seguir los nuevos mexicanos. Una de las figuras centrales en este siglo es Guillermo Prieto, quien fuera llamado “El Poeta de la Patria”.

De ahí brincamos hasta el siglo XX y la demoledora Novela de la Revolución. Durante esta época los escritores se preocuparon de manera escasa por la estética literaria y centraron sus energías en los planteamientos políticos y sociales del momento. A la par de este “ferrocarril revolucionario” se situaron expresiones alternas como la del Ateneo de la Juventud, los Estridentistas, los Contemporáneos, cuyas plumas se atrevieron a plasmar planteamientos un poco más universales.

Un interés parecido mostró la ola de escritores que ocuparon la transición entre la primera y segunda parte del siglo XX (Paz, Rulfo, Castellanos, Carlos Fuentes, Fernando del Paso, Carlos Monsiváis), ya que plasmó en sus textos la preocupación por cuestionar la identidad nacional. ¿Qué significa ser mexicano?, este era un tema central en sus textos.

En la actualidad, la crisis del país es lo que ocupa la mente de muchos escritores mexicanos. Los temas recurrentes son la corrupción, el narcotráfico, el rezago social; y el objetivo es hacer evidentes los problemas que aquejan nuestro día a día. Ante este panorama, el papel que ocupen los escritores en la sociedad tendría que ser más fuerte que nunca.