Quizá Hollywood se ha dado cuenta de la necesidad que la gente de hoy tiene por sentirse aceptada, querida o reconocida, por lo que de manera un poco perversa ve en nuestros miedos un gran negocio. No es casualidad que en los cines destaquen dos películas (muy diferentes) donde los personajes eje son monstruos: The Greatest Showman y The Shape of Water.

En ambas los “héroes” narrativos son aquellos que nacen desde lo oculto, desde la otredad y específicamente desde lo monstruoso, aunque cabe destacar que éste no es un recurso nuevo en el cine gringo. El mensaje superficial en este tipo de cintas se relaciona con la aceptación de nuestros “defectos” físicos y espirituales para lograr la felicidad; sin embargo, el discurso de The Shape of Water resulta muchísimo más profundo.

En su nueva película, Guillermo del Toro va más allá del cine que ha dominado por años con su oscura construcción de monstruos y mundos fantásticos.

Ahora el mexicano creó una historia que intenta derribar la vanidad y el narcisismo del hombre contemporáneo, desmitificando la perfección y el éxito. El mundo es un lugar donde lo perfecto es inalcanzable porque no existe. Un cuerpo bonito puede dejar de serlo en un accidente, un coche espectacular se acaba con el primer rayón y las familias “perfectas” también tienen problemas. La vida perfecta es sencillamente una idea, algo que el hombre ha inventado. Entonces nuestros “defectos” dejan de ser defectos cuando entendemos que no existe el hombre perfecto.

Del Toro dijo en una entrevista que nombró a su película “La forma del agua” porque, así como el amor, el agua no tiene forma. Lo que significa que podría llegar a nosotros en cualquier situación y sería fácil de reconocer... el amor y el agua son fáciles de reconocer cuando son verdaderos, dice Del Toro… el amor y el agua son lo único perfecto porque adoptan la forma que nosotros necesitemos, incluso con nuestros defectos.