La lectura es paradójicamente un acto de comunicación en solitario. Al leer, uno recepciona las ideas y planteamientos del texto, pero no existe una forma directa de discutir estos pensamientos con el autor. De ahí lo especial de esta actividad, porque el lector la mayoría de las veces reflexiona a través de sus ideas y experiencias, y termina por debatir consigo mismo, lo que ayuda a un profundo conocimiento propio. Sin embargo, no todo es solitario en la lectura, ya que, cuando dos o más aficionados a los libros se encuentran, existe entre ellos una especie de complicidad que los une, un código particular que solamente los libros ofrecen.

Las ferias de libros son claro ejemplo de este código. En estos eventos los lectores pueden compartir, intercambiar, conocer y profundizar sobre cientos de textos y escritores. Además las ferias suelen atraer gente de otras latitudes y ofrecen decenas de espectáculos artísticos que complementan el espacio cultural.

Lo anterior toma relevancia cuando estamos a pocos días de iniciar la séptima edición de la Feria Internacional de la Lectura Yucatán, Filey, que en esta ocasión se realizará desde el sábado 10 hasta el domingo 18 de marzo.

Para este año, la Filey tiene como invitados a Rusia y a Guanajuato, por lo que se espera una gran diversidad entre el material bibliográfico que aquí se genere, además de eventos alternos como el Encuentro Cinematográfico, el del Cartón y la Historieta y la tercera edición del Literario del Sureste.

Desde sus inicios, el camino de la Filey no ha sido fácil. Una feria no es viable si no atrae gran cantidad de gente y de ahí parte la dificultad: ¿cómo atraer gente a un evento de libros en un país donde supuestamente la gente no lee? Aquí podemos observar que México sí lee, aunque es claro que aún queda mucho por hacer. Ojalá que este año lleguen y nazcan en la Filey muchos lectores más. Hacemos falta.