Estando recientemente inmerso en una confrontación de criterios medico-administrativos para el diagnóstico y manejo de los pacientes, alguien comentó que seguramente algunos no entendían porque estaban en plena andropausia mental. Tratando de convertir el comentario mordaz en aportación médica, decidí hablarles hoy sobre algo que crea incertidumbre entre los varones, la andropausia.

Cuando los hombres llegan a los 40 y hasta los 55 años de edad, pueden experimentar un fenómeno similar a la menopausia femenina, denominada andropausia. A diferencia de las mujeres, los hombres no muestran signos claros, como el cese de las menstruaciones, para marcar dicha transición. Ambos, sin embargo, están caracterizados por una caída en los niveles hormonales. El estrógeno en la mujer y la testosterona en el varón. Los cambios en el cuerpo ocurren gradualmente en el hombre y se reflejan en actitud y estado de ánimo, fatiga, pérdida de energía, de impulso sexual y agilidad física.

A diferencia de la menopausia, que habitualmente ocurre a fines de los 40 e inicio de los 50, la “transición” del hombre puede ser más gradual y extenderse durante décadas. La actitud, el estrés, el alcohol, las lesiones o cirugías, medicamentos, obesidad e infecciones pueden contribuir a su comienzo.

Si bien con la edad todo hombre tendrá una disminución en sus niveles de testosterona, no existe manera de predecir quién padecerá síntomas andropáusicos lo suficientemente severos como para buscar ayuda profesional. Tampoco es predecible a qué edad comienzan esos síntomas.

La andropausia fue descrita por primera vez en la literatura médica en los 40, por tanto, no es realmente nueva. Pero seguramente lo es nuestra capacidad de diagnosticarla adecuadamente. Desde hace no mucho, se dispone de pruebas sensibles a la biodisponibilidad de testosterona, de manera que la andropausia ha recorrido un largo período durante el cual se la ha subdiagnosticado y subtratado. Ahora que los hombres viven más ha aumentado el interés.

Una razón por la cual se ha subdiagnosticado es la presencia de síntomas vagos. Entre las respuestas típicas están: menor impulso sexual, cambios emocionales, psicológicos y de conducta, menor masa muscular, aumento de la grasa corporal a nivel central y superior del cuerpo, osteoporosis o huesos débiles y lumbalgia y mayor riesgo cardiovascular. Por esto y mucho más, no hagas caso a quienes desconocen del tema; el hilo que divide la ignorancia de la charlatanería es muy delgado.