Cierto día, leyendo durante las primeras horas de la madrugada conocido libro de Daniel Goleman, La inteligencia emocional de la empresa, levanté la cabeza y vi al menor de mis hijos leyendo el libro de anatomía de Quiroz, que en otrora época yo llevara cuando inicié la carrera de Medicina. En ese instante se arremolinaron en mi mente experiencias y emociones del ayer, hoy y siempre, que quisiera compartir.

Iniciaré comentando que, antes que nada, ese día disfruté las ansias que mostraba joven mozalbete de 19 años desmembrando y creando en su mente los elementos que integran el cuerpo humano, que para mí se convirtieron en santuario. La creatividad, cuando estudias anatomía, junto con las nuevas herramientas visuales, realiza metamorfosis en la mente del futuro galeno, a quien ahora le permite avanzar de forma presta en la comprensión, sin dejar de enaltecer a la creatividad como su mejor aliado. Cual crucigrama, les facilita entrelazar los secretos de la profesión médica, eludiendo lo estricto y cuadrado, en esta ciencia inexacta.

Fui recordando como, tras el paso de los años, esa creatividad se va viendo coartada por normas y dictados que imponen los programas preestablecidos, en caso de que desees continuar vinculado con la ciencia. Ipso facto me llevó, dando saltos quinquenales, a la práctica de la administración de los centros de atención hospitalaria, y allí es donde entran algunos pasajes, que, como anillo al dedo, pude extraer del libro de Goleman, quien daba certero golpe a la realidad. O sea, ir de creatividad, entusiasmo y ambición de crecimiento a la rigurosidad y falta de flexibilidad y plasticidad de la función médico-administrativa solo te arrastra a caer en las garras de los cuatro asesinos de la creatividad, según lo describió la Dra. Teresa Amabile, psicóloga del Harvard Business School.

Nos dice la Dra. Amabile, al hablar de autocontrol, que la vigilancia excesiva, la evaluación demasiado intensa, el exceso de control y las fecha tope implacables constriñen la memoria operativa, ese espacio mental en el que se producen torrentes de soluciones posibles, intentando marchitar el frondoso roble de la sabiduría.
Sí amable lector: qué contrastes, cómo cambian los tiempos, pero en nuestras manos está evitar que la falta de creatividad, entusiasmo, energía, deseo de servicio y profesionalismo enturbie el devenir de las nuevas generaciones, en quienes depositamos nuestra confianza y esperanza, evitando que se vuelvan víctimas de quienes son proclives a fomentar y perpetuar los grandes asesinos de la creatividad.