En nuestros días, cuando requerimos de un servicio, una de las primeras acciones que realizamos al llegar al lugar o persona que lo oferta es verificar la existencia de diplomas o cualquier evidencia documental sobre la formación del servidor y su capacidad certificada para con seguridad confiar nuestro cuerpo o bien material a su atención. Cuando de salud hablamos, en México tenemos cerca de 200 mil médicos, de los cuales 6 de cada 10 son generales y los demás especialistas.

La capacitación de los médicos, después de terminar la carrera, responde a la necesidad, de dominar determinado número de enfermedades. Tenemos que ser expertos y conocer a detalle las particularidades que definen los tejidos y órganos de nuestro cuerpo.

Para lograr el reconocimiento académico, no solo de una facultad o institución, se requiere que al terminar la formación presentemos examen ante los consejos conformados por especialidades. A estas alturas, amable lector, yo te preguntaría si conoces por qué y para qué existen estas estructuras doctas, reconocidas por instancias educativas federales.

Abundando en la materia, te comento que se trata de cuerpos colegiados, formados por prestigiados y probos representantes de la comunidad y profesionales de la misma disciplina, elegidos por sus propios pares para establecer los procesos de certificación y recertificación periódica de sus compañeros con base en requisitos de preparación y adiestramiento en cada campo de la práctica médica y demostración de competencias. La razón de los consejos es constatar la calidad de preparación para el ejercicio de un campo específico de la medicina. Con ello garantizamos a los enfermos la certeza de que están en manos de alguien con el conocimiento de un área y reconocimiento de quienes estudiaron la misma especialidad.

Estos consejos son asociaciones civiles, cuyas funciones no se sobreponen a la correspondiente a sociedades, colegios o academias, ni con las instituciones de educación superior u organismos gubernamentales; tienen marco normativo que les atribuye funciones específicas para realizar actividades de formación, educación continua, desarrollo o de registro y autorización de su práctica. O sea cada organismo no se sobrepone, más bien son complementarios e interrelacionados.

En algún momento te toparás con noticias que hacen alusión a la obligatoriedad de mantenerse avalados con la certificación o la recertificación y que sepas que tu vida y de tus seres queridos está en manos de un “verdadero” experto.