Disfrutando café en mano, recordábamos algunos pasajes de nuestra trayectoria como médicos institucionales, que, sin duda, gracias a ellos, la experiencia y próvido actuar fueron parte de las enseñanzas de cuyos frutos disfrutamos allende lo económico. Este comentario fue expresado al final de reciente supervisión sobre los logros en la implementación de estrategias de servicio.

Los tiempos cambian para bien, tanto de un lado como del otro. Me refiero en primera instancia a que con agrado vemos cómo van quedando atrás las otrora supervisiones coercitivas y van dando paso a las asesorías con afán de mejora dentro de ese cotidiano actuar médico-administrativo. No se buscan culpables, solamente que se corrijan los sesgos o procesos que no están bien encauzados. Esto, más que crear zozobra o temor, se vuelve esperadas visitas, sabiendo que, con la reorientación, encontraremos mejores caminos para alcanzar la excelencia.

También el ambiente laboral se torna más amigable, menos tenso, se respira y percibe unión y solidaridad en los momentos que más se necesitan. Se convierten en pasaje histórico las quejas estériles, zancadillas y el quién hace menos. La permanente búsqueda de caminos para vencer la enfermedad más allá de la adversidad se hace patente y deja un buen sabor de boca.

Los de mayor experiencia juegan su rol, toman las riendas y encauzan a los que van apenas incursionando en este terreno escabroso y lleno de difíciles obstáculos. Nuevamente esa amalgama de conocimiento, juventud y experiencia es cimiento imbatible en una nueva era, donde todos aprendemos de todos y nadie es más.

Cuando suceden estas cosas, las disfruto y me enorgullece pertenecer a la heterogeneidad de gente maravillosa que otrora fueron alumnos y ahora son faros de sabiduría acumulada. Ahora sí creo que se puede reconstruir el terreno perdido, cuando pensamos que era poco probable que volviéramos a pisar escenarios vividos con nuestros maestros de la medicina en los años 80 y 90. Un estilo de vida laboral diferente, pero con valores y principios al alza.

Con seguridad y aplomo les digo que, si hoy el Creador así lo quisiese, podría partir tranquilo. El tren continuará su viaje sobre rieles sólidas y jalando parejo. Hasta hoy, ningún otro servicio veo que esté alcanzando su pleno desarrollo.

Gracias a todos por participar en esta etapa de mi vida, de forma madura y demostrando que la semilla sembrada fructifica y mañana será sólido árbol, que dará sombra y cobijo a quien busque su abundancia.