Día particular el de ayer. Dentro de la vorágine de eventos que se han vuelto una constante, me tocó vivir una experiencia que me hizo reflexionar sobre cómo la ceguera evita abrir nuestras mentes a la creatividad y darnos cuenta que pequeñas actividades extra médicas son capaces de transformar tediosas esperas, y abrir horizontes para alcanzar la tan buscada mejora de la relación médico-paciente, que, en los últimos lustros, ha mostrado deterioro y cuyas consecuencias, por falta de empatía, laceran la comunicación. No está demás mencionar que cuando menos en 25% de los casos el villano se llama estrés.

Desde hace meses, motu proprio, las Damas Voluntarias y un grupo de jubilados del IMSS pusieron en marcha lo que ahora conocemos como “Factor sorpresa” y que consiste en tocar música variada en los pasillos de consulta externa, con el objeto de que la espera sea más ligera.

Sin duda despabila a propios y extraños cuando llega un pequeño grupo con instrumentos a la T-1 y/o al Juárez. Ayer me tomó desprevenido la visita de entusiasta grupo.

Lo anterior motiva la reflexión sobre el impacto desde una perspectiva médica. La música ha demostrado efectos benéficos ya que estimula todas la áreas cerebrales. Escuchar música reduce el dolor hasta en 21%, gracias a la liberación de endorfinas; también baja el estrés, lo que mejora la salud, toda vez que el 25% de las enfermedades que padecemos son detonadas por este particular al ejercer efectos negativos sobre el sistema inmunológico.

Escuchar música suave disminuye la frecuencia cardiaca y presión arterial, amén de mejorar la concentración y motivar calma y meditación.

Eleva el ánimo y nos transporta a épocas felices de nuestra vida. La autoestima y confianza se nos desinhiben y se facilita la socialización. Entendí por qué se pusieron a bailar con los familiares y acompañantes. Mi expresión fue: “Tanto beneficio con sólo el deseo de hacer algo por los demás”.

Finalmente me cuestionaba: ¿hasta dónde los resultados visibles de esta práctica se traducirían en mejor relación médico-paciente? La respuesta es obvia, ya que un paciente con autoestima y ánimo elevados sería percibido por su médico, quien respondería de la misma manera. Felicidades al entusiasta grupo, y si se topan con villamelones que intentan denostar lo alcanzado, aprovechen invitarlos a escuchar 30 minutos de música 3 veces por semana, y probablemente en su próxima charla derramarán miel.