A pesar de la incesante lucha por alcanzar altos estándares y enarbolar la excelencia, la mediocridad sigue siendo un estilo de vida que impacta negativamente en el colectivo con valores. Esta mediocridad, cual cáncer incipiente, invade los espacios en cualquier terreno de la vida, victimando desde el menos estudiado hasta quien ostenta títulos académicos y/o nobiliarios. El problema radica en que, a pesar de que conocemos a estos sujetos de poca monta, en sumadas ocasiones son acogidos por quienes desean mantener ese ambiente que favorece intereses personales, utilizando argumentos legaloides para sostener al pusilánime. ¿Qué es un mediocre? Es quien cual cáncer se guarda en rincones oscuros, entrampado en su ignorancia, esperando su retiro e ignominia.

La palabra mediocre proviene del latín mediocris que significa “medio” o “común”. Etimológicamente está compuesto por el vocablo medius que expresa “medio o intermedio” y ocris que significa “montaña o peñasco escarpado”, por lo que indica algo o alguien que se queda a mitad del camino. La palabra mediocre es utilizada como sinónimo de mezquino, mediano, vulgar y común.

Seguramente alguno de ustedes ha sido víctima de deleznable personaje carente de actitud, cimentado en la nula aptitud. Ante tal escenario nos preguntamos: ¿cuáles serían los factores internos y/o externos que orillan a estar dentro del grupo de mediocres? Me permitiré citar la carencia heredada de alcanzar un propósito más elevado; estas personas evitan utilizar su tiempo para la reflexión, y mucho menos se cuestionan sobre circunstancias trascendentes o investigan procesos desconocidos de su cotidiano devenir. También tenemos al autoengaño, creando y creyendo en una falsa realidad que imagina objetivos que distan mucho de poder enfrentar, por lo que necesariamente se rodean de personas que les dicen lo que quieren escuchar; igualmente destaco los miedos creados por el mediocre, que utliza para justificar su falta de pericia y conocimiento, y así podríamos continuar con larga lista.

Desafortunadamente la gente con este calificativo es parte del retroceso, del estancamiento que impide el crecimiento del grupo o empresa que luchan por una nueva administración con valores, que permita romper la inercia lacerante.

Querido lector, quienes tenemos algunos ayeres vemos con tristeza cómo envidia, desidia, apatía y “pequeñez” buscan con intrigas y “chismes de pasillo” ocupar su tiempo, que sin duda es lo único que jamás podremos recuperar. Jamás te des por vencido.