Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia.- El juego de ángel, Carlos Ruiz Zafón

En mi salón de clases solamente hay cinco personas, cuatro mesas y seis sillas. Había siete, pero ya no.

Me gusta sentarme junto a la ventana y mirar hacia fuera. Lo hago nueve o diez veces por clase. Por eso los maestros me acusan de ser distraída, por eso me han bajado unos cuantos puntos en mi calificación final.

Me gusta sentarme junto a la ventana y ver a la gente que pasa. Si los conozco, siempre reciben un saludo y una sonrisa. Y cuando no, reciben un nombre temporal y una historia de vida alterna.

Me gusta construir historias de gente que no conozco, en lugares que no he visitado y en situaciones que nunca he vivido. Me gusta crear historias porque he entendido que, haciendo eso, podemos ser el astronauta que deseamos de niños o el científico loco que tanto nos asustaba. Esa es la magia de crear.

El arte de escribir siempre ha sido víctima de la infravaloración. Simplemente por la arraigada idea de que unos crean edificios, robots, puentes, y los escritores se dedican a crear lo intangible. Y aunque el ser escritor significa recibir muchos elogios y pocas monedas, todavía hay algunos valientes que deciden correr el riesgo y dedican su vida a la tinta, las hojas y la imaginación. Lo hacen porque es necesario, porque así debe de ser.

La hacen porque, como humanos, no seríamos nada sin la imaginación. No seríamos nada sin esos momentos dedicados a imaginar lo que anhelamos. Porque todos tenemos un pedacito de corazón dedicado a eso. Todos creamos personajes e historias, todos nos imaginamos cómo sería nuestra vida si nuestros amigos fuesen distintos o hubiésemos nacido en otro lugar. Todos, sin excepción, creamos mundos que hasta cierto momento eran inexistentes. Todos hemos creado un amigo con ganas de que fuese real. Todos somos un pequeños escritor, solamente que algunos se toman la tarea con un poco más de seriedad.

Todos somos pequeños escritores tratando de crear los universos que deseamos con grandes anhelos. Todos somos pequeños escritores, aunque algunos han decido abandonar esa idea en el camino, mientras que otros han decidido seguir con un tanto de ahínco ese camino. Por eso, la próxima vez que veas uno de esos que se hacen llamar escritores, regálale un elogio o mejor, una idea para crear su próximo universo.