Miguel Óscar Sabido Santana/SIPSE

Mérida, Yuc.- Con el año 2017 llegó a su fin también el Segundo Decenio de las Naciones Unidas para la Erradicación de la Pobreza (2008-2017), un objetivo que conlleva muchas dificultades para poder llegar a él, pero nada es imposible cuando autoridades y sociedad ponen el mejor de sus esfuerzos para lograrlo.

La importancia de luchar contra el empobrecimiento de las personas tiene muchas aristas que afectan a los seres humanos, si tomamos en cuenta las palabras de Ban Ki-Moon, secretario general de las Naciones Unidas: “La pobreza no se mide solamente por la insuficiencia de ingresos; se manifiesta en el acceso restringido a la salud, la educación y otros servicios esenciales y, con demasiada frecuencia, en la denegación o el abuso de otros Derechos Humanos fundamentales”.

Son ya más de 20 años de lucha para lograr una distribución más equitativa del ingreso de las personas, pero, a pesar de los esfuerzos realizados, acorde con lo que nos señala la ONU, se sufren los embates de las crisis financieras, la inseguridad alimentaria, así como la imprevisibilidad de los precios de la energía, etc., factores aún vigentes que hacen necesario no bajar la guardia en contra del incremento de la pobreza.

La ONU considera que en el mundo viven 836 millones de personas en la pobreza extrema, mismas que, además de ver nulificado su legítimo derecho a los servicios esenciales, también sufren la denegación de sus derechos fundamentales, algo que en los tiempos que vivimos no debería de suceder en modo alguno.

Espero que en este naciente 2018 todos los seres humanos que integramos esta gran sociedad yucateca nos hagamos el propósito de respetar y fomentar los Derechos Humanos propios y por añadidura los de las personas que están en torno nuestro.

Una de las vías más expeditas para lograr este propósito es el de conocer, entender y respetar valores como la solidaridad, la empatía, la honestidad, entre otros. Quizá ésta sea la mejor vía para erradicar la pobreza extrema y los antivalores que nulifican los derechos fundamentales de los seres humanos.