Las calles de México se convierten en el escenario propicio para escuchar todo tipo de mensajes. La radio y la televisión se vuelven presas del tiempo reglamentario que deben las empresas al gobierno para la transmisión de spots de propaganda de quienes aspiran al poder en busca –debería ser así- de un país más igualitario.

Sin embargo, parece que lo que nos tiene atrapados es en realidad la incertidumbre de quién será la persona indicada para conducir los destinos no sólo de la nación que habitamos, ya que esta llamada la madre de todas las jornadas electorales es, por donde se le mire, también un experimento enorme de lo que podemos hacer.

Como nunca, se juegan puestos de elección popular con reglas distintas, con aspiraciones que en ninguna otra época se habían dado. No se parece esto a nada de lo que tengamos registro, excepto la candidatura de López.

Los aspirantes sin partido, los partidos con candidatos sin militancia, las edades de quienes esperan gobernarnos, las mujeres en su interminable lucha por aparecer en una boleta, los debates en ciudades distintas a la capital del país, el tiempo reglamentario de campaña, en fin. Una lista inacabable.

A eso debemos agregar a los que siguen pensando en anular su voto y proponen esa opción, quienes te piden una pista de cómo terminará el primer día de julio, los que esperan que haya un cambio total, aunque éste parezca una bomba de tiempo, los que creen que nada cambiará a pesar de los esfuerzos, en fin.

Lo que no debemos perder de vista, a pesar de las cifras, es el deber ciudadano de acudir a las urnas y cumplir con la obligación de votar. A pesar de que sea una fecha con partido de soccer de la Selección Nacional incluido. Depositar tu decisión es una prioridad.

Yo aprovecho que es lunes, que todavía es Pascua, para buscar aspirantes a una buena charla alrededor de una bebida fría que quite el calor que se anuncia. ¡Que sea feliz!