Qué bendición poder ser madre después de tantos años de intentarlo y de sufrir desilusiones. Una amiga mía, muy especial, hace tiempo logró finalmente que le dieran al bebé que llevaba mucho tiempo buscando adoptar. Se ven tan felices y se puede augurar un gran futuro para ese bebé que por alguna razón no podía quedarse con su familia biológica, pero hoy gracias al maravilloso sistema de adopción que ha hecho feliz a una familia que, sin saberlo, estaba esperándolo para completarse.

La felicidad de todos es absoluta, solo hay amor para ese pequeño que llegó a la vida de esta familia, qué dicha que esa mamá no quiso o no supo de las nuevas posibilidades que se han abierto en algunos estados y que permiten a las mamás abortar a sus hijos cuando tenerlos no se ajusta con su proyecto de vida. Qué bueno que esta mamá, que por alguna circunstancia seguramente muy dolorosa, no puede quedarse con su hijo, logró la felicidad de una familia que rezaba hace años por poder tener esta oportunidad.

Así como esta familia, hay miles de familias en México que no tienen la fortuna de la fertilidad y a pesar de tener un matrimonio estable no pueden tener hijos. Porque no generar un sistema en el que la adopción sea algo común, que si las circunstancias de la vida de una mujer le impiden quedarse con su hijo las opciones se abran y esa mamá puede proporcionarle este inmenso gozo a una familia.

Todos los días veo anuncios en la televisión de la Comisión de Derechos Humanos en los que se habla de los derechos de los niños y se exige que se cumplan. Todos los niños tienen derecho a tener una familia, a ser llamados por un nombre, a recibir educación pero nunca se habla del derecho más importante y primordial que sería el derecho de nacer. Cómo puede ser posible que se privilegie el proyecto de vida de una mujer o su incapacidad económica, en el caso de Yucatán, por sobre la vida de un pequeño ser indefenso. Cómo puede ser que aquélla que estaba destinada a cuidarlo sea la que tome la decisión de eliminarlo.

Algunas mujeres tienen vidas muy dolorosas, circunstancias que hacen que parezca imposible tener un hijo en esos momentos. No somos nadie para juzgarlas, cada quien tiene que tomar sus propias decisiones, pero debemos difundir más las opciones que abren posibilidades al futuro de ese bebé que crece en su interior, la posibilidad de crecer en una familia estable, de tener hermanos y hermanas, tíos que están dispuestos a amarlo porque así lo decidieron, porque su corazón es tan grande que tiene espacio para un bebé más. Porque debemos de considerar que un aborto no solo elimina al bebé, sino que a veces elimina muchas de las esperanzas de la mujer que se da cuenta tarde que esa no era la mejor opción.

Qué bueno que existan familias como la de mi amiga que aceptan este compromiso y organizaciones como VIFAC (9-48-17-55 o al 01 800 3622207 http://vifac.org/) que facilitan este proceso apoyando a las mujeres que se encuentran en esta terrible circunstancia y las ayudan a vivir su embarazo y a encontrar una familia adecuada para que su bebé crezca y con esto garantizan el derecho más importante “el derecho de nacer”.