El proceso electoral ha sido tan largo que ya ha desgastado a más de uno. Eso no sería problema sin las diferencias que causa en las familias y los grupos de amigos. Me asombra el número de grupos de WhatsApp en los que participo, donde las quejas políticas por las opiniones de otros aumentan con los días y crecen hasta cansar el número de memes que dicen que la amistad que sobreviva a esta jornada será eterna.

Estoy segura que no soy la única que quiere que sea 1 de julio. Tengo amigos a los que no veo hace 60 días porque andan chambeando. Otros conocidos reclaman hasta el color de vestido que utilizo. El peligro está en la agresión de los no te conocen y que deciden que su verdad es la única aceptable.

Me gustaría pensar que nada pasará después de la elección, porque todos seremos los mismos, las cosas retomarán su cauce, las conversaciones volverán a fluir, los empresarios continuarán donde quedaron y nadie estará inconforme. Sin embargo, creo seguir pensando que en algún momento la historia será opuesta, entonces dejaremos de criticar en los cafés y escribiremos a los diputados para pedirles que nos representen verdaderamente. Ser ciudadanos responsables. Algunos lo son.

Habrá quienes no piensen como yo, pero de eso se trata, de poder conversar, llegar a entendimientos.

Hace muchos años en otra elección donde también participaban los contendientes de ahora casi perdí a dos de mis amigos más antiguos por las distintas opiniones que teníamos sobre política. Afortunadamente puedo decir que siempre comparto lo que pienso aun cuando incomodo a más de uno, pero ya no discuto con Juan o con Nazhja. En casa ni se diga. Somos una especie organización llena de colores. Si usáramos las redes sociales para proponer en vez de desgastar, las reacciones serían distintas.

Mientras tanto yo aprovecho que es lunes, que mañana se celebra el Día Mundial del Medio Ambiente para aplaudir a todos los que sí hacemos algo por mejorar el planeta. ¡Que sea feliz!