Siempre he considerado que elegir a la persona que te gobernará es una responsabilidad compartida. Muchos nos tomamos en serio ir a la casilla que corresponde a depositar un sufragio, lo que no es un tema de chiste, burla, o broma. Es parte del deber cívico que tienes como ciudadano. Como todas esas cosas que debes hacer por tu condición de vivir en comunidad.

Lo peor que puede pasar después de una elección es que la persona que elegiste ocupe el puesto que buscaba y no cumpla sus promesas. De ese modo, tendrás seis años para quejarte, un deporte nacional en muchos países de América Latina y parece que de otras zonas del mundo, porque entonces le podrás echar la culpa de muchos de los eventos que ocurren todos los días, sean o no su responsabilidad, y te harán menos pesada la carga de tener que lidiar con este maravilloso vivir.

Los seres humanos siempre tenemos este privilegio de decir qué es lo que haremos. Con los que no estoy de acuerdo es con quienes se quedan en su casa sin acompañar a los demás en la jornada. Con los que deciden que como el sistema no funciona jamás le harán propaganda para que así los demás tampoco voten. Con los que ponen nombres chistosos en las boletas para anular su voto.

Las elecciones son ejercicios que cuestan muchos millones de pesos de los impuestos que todos pagamos, al menos eso nos debería doler.
Quizá lo que debiéramos de aprender a hacer es acudir a votar y exigir que se respete la voluntad, por lo menos así tendrías el pretexto de decir que hiciste lo mejor para cambiar al sistema, que parece ser que muchos queremos.

No discuto que falta mucho, pero es como si comenzaras por no tirar la basura por la ventana del vehículo en el que te transportas.

Yo aprovecho que es lunes, que aún es enero y que tengo muchas ganas de encontrar otros que como yo crean en la responsabilidad. ¡Que sea feliz!.