La actitud es como la educación y se nota siempre. Y me refiero en realidad a esos modales que aprendemos en casa o de los que deberíamos instruirnos para presumir en la vida.

A últimas fechas en redes sociales abundan videos o textos que indican cosas básicas de la vida, que deberíamos saber y replicar en quienes conocemos; algunas de ellas dicen: “Si llega a algún lugar, salude”, “Si se va, despídase”; otras como “Diga buenos días aunque no le respondan”, y así una variedad sin fin.

Es mi eterno pleito con los humanos de ahora llenos de necesidad de atención, sin pizca de educación, aunque no toda la responsabilidad es de ellos, sino de quienes les dieron las bases para estar en este planeta.

Sin embargo, para la legislación mexicana y mi entender, después de los 18 años eres un adulto y debes ser responsable de tus actos. Como buen autodidacta comenzar por buscar en “san Google” reglas de urbanidad o buenas costumbres o bien qué debo hacer al llegar a un sitio.

Son sugerencias que hago, luego de escuchar a una amiga, directora de escuela, que, preocupada por cambiar lo que ocurre en nuestra sociedad, enseña a sus alumnos competencias blandas que en buen español son estrategias para trabajar en equipo, tener una comunicación asertiva, manejar sus emociones o capacidad de liderazgo.

Y es que, según mi admirada amiga, los chavos no han aprendido esas habilidades, porque los papás -quienes los han educado- se han preocupado por resolverles todo, darles lo que pidieron. Ahora esos jóvenes no saben cómo enfrentarse a cosas que para nosotros eran súper simples como ir a la tienda a comprar un chicle, pagar con un peso y esperar el cambio, o bien elegir a quienes serán los integrantes de tu equipo para hacer tal o cual ejercicio.

Yo aprovecho que es lunes, el último de este enero, para buscar a mis compañeros de equipo a quienes invitar un café. ¡Que sea feliz!