La decepción es uno de los síntomas de nuestro tiempo. Tenemos muchas expectativas, necesitamos mucho, pero queremos dar poco y no queremos hacer ningún esfuerzo. Los jóvenes que han estudiado por cuatro años en la universidad salen con altas expectativas, pero al salir con su título pocos pueden encontrar trabajos a la altura de lo esperado; hacemos nuestras compras a través de la computadora y pocas veces obtenemos exacto lo que pensamos que íbamos a adquirir; medicinas que prometen adelgazarte sin esfuerzo; aparatos de ejercicio que prometen cuerpos perfectos con 10 minutos al día; creemos que nuestros amigos son todos los que nos aceptan en Facebook y sabemos de ellos solo lo que publican en su muro, vidas inventadas y maquilladas que nos permiten ver solamente lo positivo que les pasa. Continuamente sufrimos decepciones, nada es como lo habíamos imaginado, pero tenemos tanta necesidad de satisfacción que nos dejamos engañar fácilmente, creemos promesas huecas porque necesitamos cumplir con nuestras expectativas.

En todos lados que miramos vemos gente que se siente decepcionada; nos decepciona el gobierno, la policía, las campañas políticas, los candidatos, las instituciones religiosas, los medios de comunicación, las sendas espirituales que hemos recorrido.

Queremos creer en lo que nos prometen porque estamos desesperados por el resultado deseado, sabemos que lo que nos prometen es imposible de cumplir y aun así creemos en ellas porque también creemos que no tenemos la voluntad o la fuerza suficiente para lograrlo; queremos encontrar un gurú que nos enseñe el camino a la felicidad y al éxito, pero queremos que nos enseñe el camino fácil, el atajo, el camino sin esfuerzo que en realidad no existe.

Debemos vernos a nosotros mismos, encontrar nuestras debilidades que nos hacen creer en estas promesas. Todos queremos un cuerpo hermoso, pero pocos estamos dispuestos a hacer lo que verdaderamente hay que hacer para mantenerte delgado y sano. Hay que comer sanamente, hacer ejercicio todos los días y esto representa esfuerzo y disciplina, y es por eso que caemos en querer comprar el aparato maravilloso que sin levantarte de tu sofá, mientras ves la tele, logra los mismos resultados.

Todos queremos tener un alma limpia y sana, queremos ser considerados buenas personas, queremos crecer espiritualmente y por eso queremos creer en las corrientes espirituales que nos prometen un atajo, un camino sencillo para lograrlo, pero no existen atajos, no hay caminos secretos, no existen palabras mágicas que llenen los huecos que hay en nuestro interior. No hay alimentos mágicos que curen nuestros cuerpos y menos nuestro espíritu. Somos el resultado de nuestras decisiones y de nuestras acciones, de nuestro trabajo diario, de nuestra relación con nuestro entorno.

El problema está en nuestras expectativas, en lo que creemos que podemos lograr o que merecemos, lo que creemos que la gente, el mundo o el universo nos debe. Lo que esperamos de los demás, de nosotros, de nuestro cuerpo y de nuestro destino. Hay que escuchar más nuestra voz interior para saber cuáles son realmente nuestros alcances, cuáles son nuestras metas posibles, cuál es el esfuerzo que realmente podemos hacer, el esfuerzo que estamos dispuestos a realizar, debemos de dar valor a nuestros actos para no sentir decepción si no llegamos a la meta esperada. Hay que sentir satisfacción por las metas logradas, por las acciones que sí realizamos, pero esto lo logramos cuando las metas que buscamos son de corazón, cuando entendemos que la meta es importante, pero es más importante el recorrido, el esfuerzo, lo que vivimos día a día, y así lograríamos disminuir la frustración y la decepción, ya que el éxito no estaría en el final del camino sino en cada paso logrado, en cada metro avanzado, en cada conquista diaria.

Seamos realmente lo que queremos y encontremos la satisfacción en lo que tenemos, porque si no eres feliz con lo que tienes, tampoco lo serás con lo que careces. Las expectativas nos llenan de insatisfacción, vivamos el presente y gocemos lo que tenemos, aunque sí debemos comenzar a tomar opciones más sanas para ir mejorando nuestra salud y nuestro espíritu, día a día, paso a paso y así, disfrutando nuestro presente y aceptando lo que somos, podremos disfrutar lo que tenemos.