El mes pasado se cumplieron noventa y nueve años de la fundación del Partido Comunista Mexicano. Han pasado ya veintiséis de su intencional desaparición, para fundirse en el Partido Socialista Unificado de México. El registro electoral del PCM fue obtenido en 1978, con la Reforma Política de López Portillo, tras profundos debates que no terminaron de inmediato, y una extensa campaña de afiliación. Esto podría resultar un recordatorio histórico curioso y sin relación con los procesos electorales actuales, salvo por un detalle: el registro logrado desde la semi-clandestinidad y a base de esfuerzo militante es con el que hoy participa electoralmente el PRD.

Al fundirse en otros partidos para formar el PSUM, aquel PCM heredó su registro al nuevo partido. Es decir, oficialmente, no se fundó uno nuevo, sino que se formalizó como un cambio de nombre, pudiendo así participar electoralmente sin obtener un nuevo registro, cosa supremamente difícil. Seis años después, una nueva fusión, ahora del PSUM con el PMT y otras fuerzas, dio lugar al efímero Partido Mexicano Socialista, que en 1988 se sumó tardíamente al Frente Democrático Nacional, haciendo suya la candidatura presidencial de Cuauhtémoc Cárdenas. Tras la elección, el nuevo gran movimiento político buscó infructuosamente obtener registro electoral. Sin embargo, el PMS cedió el suyo, heredado del PC, permitiendo que el nuevo gran partido, el PRD, participara de inmediato en las siguientes elecciones locales y federales. La cesión se hizo, una vez más, inscribiendo un cambio de nombre del partido ya registrado.

Después pasó lo que pasó y el PRD se fue convirtiendo en un pequeño partido, presto a cualquier tipo de alianzas a fin de mantener una corriente electoral menor, tal que permita subsistir políticamente a los pequeños grupos que permanecieron en él tras la salida de la mayor parte de los fundadores y de muchos otros que en algún momento se sumaron a él.

Es de esa manera que, en la boleta de 2018, con ese registro ganado por, entre muchas otras, figuras tan emblemáticas de la lucha socialista como Valentín Campa, Arnoldo Martínez Verdugo y Pablo Gómez, se ofrecerá a la ciudadanía votar por un joven panista de la más pura derecha y nulo compromiso con el bienestar de la mayoría de los mexicanos.

Es verdad que nadie sabe para quién trabaja. El esfuerzo de aquellos pocos miles de militantes del PC, que con sus personales recursos y esfuerzos y tras duras luchas históricas, lograron llevar la opción socialista a las elecciones contemporáneas, hoy es usufructuado por su némesis.

Muy triste final.