Mamá es una palabra que me gusta, aun cuando desde niña decidí que nadie se referiría a mí con ella. Mamá es un lugar a donde siempre puedo llegar, es fortaleza y nostalgia, lluvia y dolor. Mamá es una palabra suave, compuesta por dos sílabas y desequilibrada por el acento en donde repite la “a”. Así es mamá; parece que va a repetirse, pero en el último momento cambia y se acentúa. Mamá es refugio, consuelo y furia. Mamá es un abrazo esperado por largos años y un gigante que nunca supo defenderse a sí mismo. Mamá es vejez y terquedad, verdad en pocas palabras, risas nuevas con historias viejas. Mamá es contar mi historia desde que nos conocimos y decidimos ser yo, hija, y ella…, ella mamá.

Mamá nunca lee lo que escribo, dice que la diabetes se ha llevado mucho de sus ojos, sólo pone las manos un rato sobre mis libros sin abrirlos. Yo miro mis letras con tristeza porque sé que nunca podrán decirle a mamá que ella aparece en muchas de sus hojas y que su historia única fragmenta pedacitos de otras historias, de otras “mamá”. Sé que mamá se ha hecho vieja, lo sé porque siempre la recuerdo joven, trayendo comida a casa y cansada de la vida, de los problemas, de nosotras. Mamá se ha hecho vieja, va perdiendo la vista, pero, aun si se quedara ciega, nunca dejará de verme como su hija.

Yo sólo puedo escribir que ella es una palabra que me encanta, me llena de vida y me hace feliz. Podría escribir mis libros en braille para ella, pero sé que nunca los leería porque hay cosas de su vida por donde ya no quiere pasar las manos. Yo seguiré escribiendo “mamá” porque con esa palabra todas mis piezas rotas encuentran su lugar.

Hay un espacio entre nosotras que mamá sí disfruta: el teatro, es poco lo que miran sus gastados ojos pero a cambio sus oídos se complacen en escucharme y escuchar risas y aplausos, por eso ella siempre tiene un lugar en mi teatro. Afortunados los que aún podemos encontrarnos en el abrazo y la palabra de nuestra madre, qué gozo y qué alegría saberlas vivas un año más. Para conmemorarlas y disfrutarlas ofreceremos dos funciones especiales de “Cómo ser una buena madre yucateca” el 10 y 17 de mayo a las 20:30 horas, en el Daniel Ayala. Una comedia regional diseñada por Salomé Sansores “Chepita” y yo. En ella recordamos las purgas, las espulgadas, el chocolate con huevo… Un pequeño homenaje a nuestras madres y sus historias. Les esperamos.