¿Qué es la justicia en tiempos en los que un estudiante desaparece a manos de la policía y reaparece irreconocible y con pase directo al manicomio? ¿En tiempos en los que un actor es detenido por asesinar a su compañera de oficio? Nos presentan pruebas irrefutables, fotografías, videos, una serie de eventos que nos hacen creer que él es culpable, lo detienen y todos nos llenamos de dudas. Pero la madre del actor, junto con un buen abogado, logra demostrar que su hijo estaba fuera del país cuando se cometió el crimen. Se arma un escándalo mediático y el joven es puesto en libertad sin una disculpa y sin líneas de investigación concretas que señalen quién es el verdadero asesino.

Alguna vez oí decir en la Ciudad de México: “Lo bueno que los que nos robaron eran ladrones, si hubieran sido policías, nos roban y nos meten a la cárcel”. Mucho se habla de las formas de tortura para que los detenidos confiesen crímenes que no cometieron. “La máscara del diablo”, una bolsa de plástico que se pone en la cabeza del detenido, es de uso común en esas detenciones. Mi trabajo con los ex internos de Santa Martha Acatitla me ha permitido conocer un poco más del “caló” que se usa en la cárcel: “Los frankensteins”, mejor conocidos como toques eléctricos, también están en el protocolo común de los interrogatorios.

¿En quién debemos creer? ¿En los detenidos o en las autoridades? Mucho de esto queda expuesto en mi obra “De Coraza”, testimonios sobre detención, arraigo y tortura; se ponen en la mesa para que el espectador elija. Los abogados son otro tema, muchos de ellos ofrecen liberaciones casi inmediatas mediante elevados pagos: “Al final los abogados se van, llevándose tu dinero, el de tu familia y todas tus esperanzas, porque algo es claro: de aquí no se van los inocentes, se van los que tienen dinero”. Si el lector quiere conocer más del tema, tendremos una breve temporada en la Ciudad de México, del 3 al 25 de febrero, en el teatro La Capilla, Madrid 13, Coyoacán. Agradecemos al Festival Internacional de la Cultura Maya y al Fonca su apoyo para la realización de este proyecto que cuenta con las actuaciones de Addy Téyer, Ilse Morfín, Susan Tax, Oswaldo Ferrer, Susi Estrada y mía. Música original de Iván Aguilar. Hacer teatro con los testimonios de personas presas quizá no les haga justicia, pero a decir de ellos les brinda una sensación de libertad.