Para doña Nilde Pérez

¿Será verdad, como dice la protagonista del libro de Marcela Serrano “El albergue de las mujeres tristes”, que el gran ausente de fin de siglo es el amor?, pues, según en estas historias de mujeres que acuden al albergue para curar sus heridas del corazón, el amor puede entenderse y manifestarse hoy de diferentes formas; la idea tradicional del amor eterno o para toda la vida no es el punto final de la historia. Así también lo plantea Mónica Lavín en su libro “Cuando te hablen de amor”, donde se cruzan las vidas de dos mujeres, Maya, una joven a punto de casarse y con muchas dudas sobre el matrimonio, y Eugenia, dueña de una tienda de vestidos de novia, la que vende las ilusiones de un final feliz en el que no cree. En ambos libros lo interesante es la visión femenina del amor y sus desilusiones, no a manera de reproche, sino de reflexión y de compartir nuevas posturas o ideas en torno a eso tan complicado que son las relaciones amorosas.

Así como estas historias hay muchas, el amor ha sido el tópico por excelencia de la literatura y el ingrediente constante de la vida, con sus finales trágicos, obstáculos, engaños, desencuentros y prohibiciones, y aun así, también se ha escrito mucho sobre historias de amor ficticias y reales que han llegado a buen puerto y han durado verdaderamente toda una eternidad, aun bajo la sombra de la muerte. Para muestra “Los grandes amantes de la historia”, de Gregorio Doval, un libro que da cuenta histórica del amor, las pasiones, el poder sublime y la fuerza que hace brillar a dos almas enamoradas.

Y aunque ahora el amor parece que se diluye en las pantallas líquidas que absorben nuestras vidas, sigue y seguirá existiendo con su ímpetu y su fuerza como lo muestran los libros que registran las declaraciones más hermosas y sinceras de aquellos que perdieron a un gran amor, como lo hace Fernando Savater en su libro “Aquí viven leones”, en cuyo prólogo habla de la muerte de su esposa, compañera inseparable por 35 años, a quien le escribe: “Entonces, en esa vida, buscaré a Sara y seguro que la encontraré, porque ella también me estará buscando a mí. Nos reconoceremos a través de las máscaras de esos rostros distintos, porque lo que nos une ha sido siempre más fuerte que las apariencias. De nuevo juntos, continuaremos recorriendo lugares con genio para seguir contando la vida de los grandes escritores. Y la nuestra”.

No cabe duda que historias, breves o para toda la vida, si son de amor, vale la pena contarlas.