Una tesis sostenida por autores norteamericanos es la que postula el fin de las ideologías; entre estos autores sobresale Daniel Bell, con un grueso volumen: el fin de la ideología delinea las razones del ocaso ideológico. Si la semántica de ideología se aplicara únicamente al terreno político, entonces sí que la escatología del concepto sería algo real; por fortuna la ideología tiene un campo de mayor amplitud que el utilizado en política. No es casual que esta tesis apareciera al fin de la llamada Guerra Fría y fuera liderada por grupos afines a la derecha de Norteamérica.

Si entendemos el concepto de ideología como un conjunto de valores generados por las sociedades en sus relaciones idealizadas con los mecanismos del poder frente a realidades individuales y sociales, tendremos que aceptar que sin ideologías no puede comprenderse el acercamiento a los entornos científicos o sociales. El darwinismo, el capitalismo, el cristianismo y otros ismos sólo pueden comprenderse desde ideologías. En realidad, el fin de las ideologías no es más que una forma de revitalizar el capitalismo en sus diversas modalidades en las leyes de mercado y darle un sesgo a los resultados funestos del neoliberalismo; una cara del capitalismo, en la justificación de la existencia de la pobreza, la desigualdad y la injusticia.

Aunque también hay que considerar que las ideologías a muchos nos les ajusta su presencia y reniegan de ellas. La alienación de las ideologías en palestras políticas ha llevado a personajes palurdos a ocupar cargos públicos, verbigracia el fantoche de los EU, o evangelistas, payasos, futbolistas y otros entes.

La manipulación sagaz de la ideología y el desvestirse de ella en el momento oportuno es escenografía de la política mexicana nacional o local, lejos quedaron aquellos hombres que entregaban la vida por su ideología, ya sea de derecha o izquierda. Actualmente la ideología política ha sido mandada al inodoro, la minusvaloración de la ideología por cuotas de poder es desmesurada; la izquierda mexicana es una vergüenza y la derecha no se queda atrás.

Estoy segura de que la ideología política seguirá perviviendo, a pesar del charco de ignominia en el que se encuentra sumida: ser de izquierda es denigrante y pertenecer a la derecha es enfrentarse a ideólogos que morirían frente a los desplantes de los actores políticos actuales.

Triste realidad nacional y local que recuerda a la analogía popular: los políticos cambian de ideologías como María Félix cambiaba de calzones.