Todos deseamos cambios, en lo social, económico, la salud, etc., pero nos resistimos a él por el temor a lo desconocido y ponemos muchas objeciones ante la duda y lo no experimentado.

Renunciar a un poco de lo que tenemos para que todos vivamos mejor es una idea que no puede dejar de agradarnos, pero que nos inquieta, porque no estamos acostumbrados a dar algo más de lo que nos sobra, que equivale a quedarnos solo con un poco más de lo que necesitamos.

Buscamos a toda costa los puestos públicos, porque estamos acostumbrados y entendemos perfectamente que llegar a ellos equivale a tener poder y dinero. Pensar en un puesto público en el que ganaremos menos que en nuestro negocio, o en nuestro empleo como ejecutivos en alguna empresa, con el objetivo único de servir a nuestra comunidad, es algo que no estaba en nuestros planes de vida y ahora tenemos la oportunidad de incluirlo.

El que compraba los favores, ahora, si lo desea, tendrá la oportunidad de hacerlos y sin cobrar. Buscando situaciones más justas que nos lleven a una estabilidad más igualitaria.

Los delfines de la política tendrán que pensar si continúan en el empeño equivocado, siguiendo las enseñanzas de papi, cosa que posiblemente los llevaría a la cárcel, o iniciar una nueva etapa sirviendo, para cubrir la deuda que tienen con el país y limpiar un poco el apellido, o se retiran definitivamente a administrar las fortunas amasadas en tantos años de “servicio al pueblo”.

Otros países han efectuado el cambio que por cierto no se dio en dos o tres años, pero lo lograron a base de confianza y de pensar en el bienestar colectivo, que si bien beneficiará a algunos que no lo merecen, también traerá beneficios a una inmensa mayoría que sí lo merece.

Tendrá más el que se esfuerza y trabaja más, no el que roba y corrompe más.

Parce un sueño irrealizable, pero están equivocados los que así lo creen. El hoy es verdaderamente un sueño insostenible, podemos comprobarlo con solo ver al país vecino.