Muy interesantes me resultaron los comentarios de Flor Hau Yon, decana de la Facultad de Ciencias de la Educación de Perú, cuando explica que la formación de los profesores es determinante para una educación de calidad. Parece que la emérita maestra se atrevió a poner el dedo sobre la llaga en el tema de la responsabilidad de los docentes en el proceso de enseñanza-aprendizaje de su país, donde la ausencia de una educación de calidad es un problema similar al nuestro.

De manera directa, señala que los bajos rendimientos escolares en Perú se deben a una deficiente preparación de los maestros, señalando como prioridades: la formación, la capacitación y una evaluación permanente de la calidad profesional de su ejercicio docente. En México, ni qué decir, andamos en una situación casi idéntica aunque caminemos de la mano de una reforma educativa más cuestionada por sus formas que por su fondo.

Asevera que su país invierte muy poco en educación y, en consecuencia, no hay apoyo a la formación profesional de los profesores. Señala graves afectaciones a la calidad educativa cuando se estudia la carrera sin vocación, ya que lo que hacen es instruir mas no educar y, por ende, esto repercute negativamente en sus alumnos. Afirma: “Quienes se dedican a la formación humana tienen una gran vocación de servicio y esta característica hace que se esfuercen por dar lo mejor de sí en el ámbito académico, profesional, ético y humano”. Esta afirmación cuánto me recuerda a la escuela normal rural de Ayotzinapa, donde sus alumnos eligen la docencia sólo porque no tienen acceso a otras carreras.

En un momento se cuestiona: ¿Será un examen la mejor manera de evaluar a los profesores para elevar el nivel académico?, y si los docentes, como cualquier otro profesional deben actualizarse continuamente. Son dos interrogantes muy válidas tanto en la tierra de los incas, como en la nuestra. A la sombra de Los Andes, Perú inició lentamente su camino hacia la transformación educativa con un modelo y un proceso no muy claros desde el principio, como ocurrió en México; tienen muchas dudas frente a esa transformación educativa. La acreditación de sus maestros ha sido lenta porque las evaluaciones externas son muy costosas, contribuyendo a que el proceso sea económicamente elevado, como sucede en nuestro país. ¿Será que también ellos esperarán veinte años para ver los resultados?