Después de la última sesión del consejo técnico escolar efectuada el viernes pasado, los maestros salimos igual que como entramos: sin avances significativos en los resultados obtenidos por nuestros alumnos en la prueba Planea y los instrumentos de medición del sistema de alerta temprana (Sisat). Fue una sesión caracterizada más por el rechazo de los maestros hacia las actuales formas de enseñanza que por la actitud propositiva en la búsqueda de mejores resultados y sin conocer el verdadero significado e intención de la nueva Autonomía Curricular que se aplicará en todas las escuelas del país.

Arrastramos, desde 2006, una serie de reformas estructurales con nuevos modelos educativos que, en su momento, prometieron hasta las “perlas de la virgen” sobre su eficacia para la mejora de la calidad de la enseñanza en las escuelas públicas del país; sin embargo, los problemas en educación no disminuyeron, más bien parecieran ser los mismos: cobertura, calidad educativa, gestión inadecuada, recursos insuficientes, entre los más recurrentes.

¿Quién se ha preocupado para reconocer y recuperar el valor del profesorado? Su enorme potencial se desaprovecha día tras día. La transformación de la educación no se logrará a base de propuestas hechas por un grupo de especialistas; una transformación transcendente se basa en el trabajo y la experiencia de más de un millón de maestros. Urge una revisión a fondo de la legislación que afecta al magisterio, en particular su sometimiento a la autoridad y a su representación sindical, así como una nueva propuesta para la formación de profesores en servicio, que impulse su formación continua con base en la posibilidad real de mantener una constante comunicación con sus pares, dentro y fuera de su escuela.

Se deben buscar nuevos canales de comunicación directa entre profesores y autoridades educativas; es necesario atender la falta de consenso respecto de las directrices educativas como el rechazo de cerca de 70 por ciento de los maestros del país a la “evaluación universal” y la inadecuada preparación e improvisación de quienes ocupan los cargos de autoridad educativa. Tenemos que entender que, no puede recaer únicamente en los maestros la responsabilidad plena por el desarrollo económico, social y cultural de la sociedad y el país, la política educativa es condición necesaria pero no la causa única. A seguir soñando, sólo eso nos queda.