A una semana de que se aplique el examen correspondiente a la etapa tres de la evaluación del desempeño del personal docente y del personal con funciones de dirección y supervisión (tercer grupo), aún me cuestiono si en verdad, con la reforma educativa de 2013, la concepción de que la “idoneidad” de los docentes es garantía del derecho de cada niño para elevar al máximo logro de su aprendizaje. Con esta precisión en la ley de educación, se rechaza cualquier práctica o arreglo escolar que no proteja y asegure el derecho a una educación de calidad; es decir, que cada niña y niño tiene derecho a contar con un maestro que sea educador profesional, una persona con el compromiso y capacidades para propiciar el aprendizaje.

Sin embargo, a pesar de los dos procesos evaluativos anteriores y las presiones a los docentes, nuestra educación sigue estancada. ¿Qué pasa? ¿Cambió en la realidad algo? Casi todos recordamos con cariño a un gran maestro o una gran maestra que desencadenó nuestro potencial dentro del aula; literalmente nos liberó de las amarras, rompió las cadenas de nuestro prejuicio, de nuestra inercia, de nuestro contexto, y nos impulsó a una vida más digna, una vida más plena. Pero, ¿cómo llamarle al hecho?, ¿pudiera ser fortuna, casualidad o azar el haber tenido a esos maestros? ¡Qué gran diferencia entre el ayer y el presente educativo! Y todo sin la “idoneidad”.

Desde otro ángulo, no se puede ocultar la negligencia e improvisación con la que las autoridades de la SEP y el INEE han manejado los instrumentos (véase el caso de los asesores técnico-pedagógicos) apenas ahora corregidos para las fechas de este final de 2017, y que además siguen sin incluir la observación directa del trabajo en el aula. Igual o peor la deshonestidad de las autoridades estatales, que no buscaron un proceso transparente e imparcial para seleccionar a los maestros que deben evaluarse. Súmese a lo anterior la decisión de no programar evaluación de desempeño docente al inicio de 2018. Se le deja al próximo secretario de Educación y al próximo consejero presidente del INEE el reto de evaluar a más de 200 mil maestros hasta diciembre de 2018.

La mejor solución al problema es la formación continua del docente: todo niño tiene derecho a un maestro de verdad; la idoneidad ni se improvisa ni se adivina; se construye y se verifica.