Daiana Puga/SIPSE

Mérida, Yuc.- Muchas veces pienso que la vida debería venir con instrucciones, con esas líneas que nos cuentan qué es aquello que debemos llevar al cabo, donde se nos diga cómo debemos saludar o cómo debemos mover nuestros pies al bailar, donde nos expliquen la forma que deben tomar nuestros labios al momento de sonreír y cada cuánto tiempo debemos parpadear; tal vez sería más fácil si nos dijeran cómo debemos caminar o cómo debemos mover nuestras manos al hablar.

Me gustaría tener un cuaderno en el que las notas nos dijeran la música que debemos escuchar, las series que debemos ver y los libros que debemos leer, que esas notas nos contaran la manera que afectarán nuestros días y las lecciones que nos dejarán, me gustaría saber las canciones que debo bailar y los lugares que debo visitar.

Me gustaría tener una lista de las personas que debo conocer, de aquellas que es necesario que entren a mi vida, de aquellas que llegan para quedarse y aquellas que solamente hacen visitas temporales.

Qué no daría porque esas instrucciones me dijeran cómo hacer que un corazón roto duela menos y que un adiós sea más fácil de decir, cómo hacer que la vida sea más sencilla, cómo nunca darse por vencido, cómo hacer que el amor sea correspondido, cómo hacer que las amistades sean para siempre y cómo nunca decepcionar. Sería maravilloso que la vida viniera con instrucciones, pero no las tiene. Sería maravilloso conocer todas las reglas, pero eso no es posible.

Por ello debemos recorrer el camino sin ninguna experiencia, debemos leer libros hasta encontrar el correcto, escuchar canciones hasta que una nos haga cantar, debemos conocer aquellos que se quedarán para siempre, debemos dejar ir a los visitantes temporales y sonreír hasta que alguien se enamore de nosotros, debemos fallar, porque algún día todo los que nos sale mal nos saldrá bien.