Dicen que en los últimos momentos de vida, uno puede resolver todos aquellos conflictos mentales y sensibles que en algún tiempo acosaron o perturbaron la tranquilidad del alma. Hay quienes le llaman conciencia y otros deciden referirse a ello como “ver la vida pasar”; un recuento romántico de cómo hemos vivido mirando las fotografías que se aparecen frente a nosotros como flashazos que cuentan los años transcurridos.

Me atrevo a pensar que, como en todo, el asunto va más allá y no puede generalizarse; nuestros últimos recuerdos dependerán de la esencia humana que tuvimos en vida. ¿Será por eso que el cuerpo y el alma reaccionan y se muestran tal cual son cuando se reconoce la inminente llegada de la muerte? Hay quienes se convierten en amor, otros proyectan ira y enojo y unos más viven con miedo. Quizás, lector, esos momentos de lucidez sean nuestra “persona real”.

La lectura que corresponde a esta semana, “Las nieves del Kilimanjaro”, de Ernest Hemingway, va en el sentido anteriormente descrito. Un hombre, Harry, se ha hecho una herida en la pierna y ha descuidado la higiene de la misma; pareciera algo fácil de curar pero tal accidente viene con una suerte trágica. El personaje y su esposa se encuentran en África, la herida ha empeorado considerablemente a lo largo de las semanas y la pierna comienza a despedir un olor putrefacto. ¿Había esperanza? Sí, un avión que vendría por ellos para llevarlos al pueblo más cercano donde podrían curarle la pierna.

Pero algo cambia en Harry, está certero de su muerte absurda a causa de una herida descuidada, la puede sentir. ¿Cómo reacciona? La hostilidad hacia su esposa se incrementa al borde de lo inaceptable, lo hiriente; como si tratara de lastimarla solamente por amarlo. Él verbaliza su muerte y ella no lo cree, su esperanza es más grande. Hay recuerdos, escritos inconclusos y un dejo de arrepentimiento. Lamentablemente, el ego es lo último en morir. Se necesita una vida para comprender cómo es que reaccionamos ante la muerte, ante el encuentro con nuestro yo verdadero.