De acuerdo con una investigación realizada por científicos del Instituto Goddard de Estudios Espaciales (GISS) de la Agencia Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA por sus siglas en inglés), el año pasado fueron 0.9 grados Celsius más cálidas las temperaturas que la media de los valores reportados de 1951 a 1980; asimismo, los expertos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) concluyeron que el año 2017 fue el tercero más cálido desde que se miden las temperaturas a nivel global.

Los estudios nos muestran que los cinco años más cálidos han ocurrido en la actual década, o sea que las temperaturas de nuestro planeta Tierra continúan con una tendencia al alza con la mayor velocidad de calentamiento que se haya visto en los últimos 40 años.

La temperatura promedio de la superficie de la Tierra ha aumentado poco más de un grado Celsius en el último siglo, algo en verdad alarmante; esta situación es ampliamente favorecida por el aumento del dióxido de carbono y otros gases emitidos de tipo invernadero provocados por la actividad humana.

Algo que contribuyó a ese calentamiento en los años 2015 y 2016 fue la presencia del fenómeno meteorológico de EL NIÑO, que se presentó en esos años, sobre todo en el de 2015 y una parte de 2016.

Nuestro catalizador, la región ártica, sigue manifestando los efectos de la presencia del calentamiento global: la pérdida constante de las capas de hielo nos indica que no se está haciendo la tarea a nivel mundial para combatir el fenómeno señalado y pareciera por el contrario que estamos acelerando el proceso de ese calentamiento.

De continuar así las cosas, el planeta Tierra parece encaminado a sufrir grandes transformaciones, de las cuales mucho se ha hablado. El cambio climático se sentirá con mayor rigor en todos los rincones de nuestro planeta Tierra. La región ártica no miente, pese a los discursos engañosos de los políticos a nivel mundial que hablan de que sí se está combatiendo el calentamiento global.