Vaya que en este mes que apenas se inicia descendieron las temperaturas con el frente frío No. 20 que nos afectó el fin de semana pasado. Al menos en la estación meteorológica Fiuady, ubicada en el Campus de Ingeniería y Ciencias Exactas de la Uady, al norte de Mérida, el viernes 5 de enero se registró una temperatura de 10.7 grados Celsius, la más baja, junto a la registrada el 14 de diciembre del año pasado, en la presente temporada invernal.

Déjenme, sin embargo, decirles que más que por la masa de aire polar que acompañó al frente frío No. 20, lo que provocó que nos estuviéramos muriendo por la heladez de ese viernes 5 -cuando la máxima temperatura fue de 22.6°C y el sábado 7, que registró una temperatura máxima de 21.9°C, las cuales son demasiado bajas, inusuales, y a las que los yucatecos no estamos acostumbrados- fue que quienes vivimos en esta Tierra del Faisán y del Venado nos vimos afectados por la llamada tormenta invernal, la cual fue colocada en la categoría de “bomb” en los Estados Unidos y que se formó a partir de una intensa baja presión en los niveles bajos de la atmósfera.

Esta “bomba” se generó debido a la conjunción de varios factores derivados de sistemas meteorológicos en la costa este de los Estados Unidos. Fue una tormenta de gran magnitud, con vientos ciclónicos, que provocó a lo largo de toda la costa este atlántica del vecino país graves daños y muerte por congelamiento sobre todo.

Su giro en contra de las manecillas del reloj causó el arribo de una masa de aire frío de tipo ártica que nos estuvo afectando a los yucatecos desde el miércoles 3 de enero hasta el fin de semana pasado y que dio pie a una prolongada heladez, como le decimos los yucatecos, de pronóstico reservado.

No es, sin embargo, la primera ni será la última que se forme en la costa este de los Estados Unidos, ya antes, en 1991, se conjugaron estos factores que provocaron una entonces llamada tormenta perfecta.