Todos los trabajadores tienen por derecho días de descanso remunerados que conocemos como vacaciones. En Mérida ese período en verano significa -en muchos casos- una mudanza hacia el norte de la ciudad, hasta llegar a la costa, que puede ir desde un fin de semana hasta más de un mes, dependiendo de la suerte, las expectativas, las preferencias, tradiciones y una serie de características que conforman la temporada. Amo esa palabra.

Significa conversaciones largas con amigos, conocidos, vecinos y familiares, atardeceres espectaculares, amaneceres increíbles, momentos de descanso, sobremesas de horas, comidas en grupo, en fin. Es diferente.

No todos están de vacaciones. Muchos solo van a pasar la tarde a la playa o en el peor de los casos a dormir para regresar al día siguiente, pero no parece molestar a muchos.

El concepto de vacaciones de trabajo hace referencia a días determinados al año en los que el empleado interrumpe sus actividades laborales para descansar pero mantiene el sueldo, es decir, que el periodo de vacaciones laborales se paga.

Parece que la responsabilidad también porque los famosos teléfonos inteligentes o esos maravillosos aparatos denominados tabletas o ipads te permiten el don de la ubicuidad, o casi.

Entonces pareciera que te vas de descanso pero no te desconectas. ¿Qué es lo que cambia? Quiero pensar que es el paisaje que hace que tu cabeza descanse de todo lo que trae encima, que los rayos del sol permiten que tu piel tome algunas vitaminas de la naturaleza, que es una maravilla la convivencia a pesar de los aparatos electrónicos que son parte de nuestra vida.

Al fin no importa la circunstancia, la compañía siempre cambia el panorama y si esa agrupación es por demás agradable aumenta la posibilidad de risas y diversión. Esas son vacaciones no importa dónde vayas.

Yo aprovecho que es lunes para comenzar a planear el cercano descanso y disfrutar la temporada. ¡Qué sea feliz!