Evelyn Mijangos Prott relata cómo se originó la deidad principal de Tila, una comunidad chiapaneca. Hace mucho tiempo Tila era sólo un caserío, pero la Cruz del Cerro ya estaba. No se sabe quién la construyó. La gente que vivía cerca tenía miedo de ir a esa montaña, pues dicen que por las tardes salía fuego desde la cruz hacia el cielo. Otros días se veía bajar el arco iris del cielo hacia la cruz.

En el pueblo vivía un hombre llamado Mateo, a quien le gustaba la cacería. Un día salió al monte en compañía de sus dos perritos. Al llegar cerca de la cruz, los canes empezaron a ladrar y se fueron hacia ella. Mateo los siguió y al acercarse al barandal de la citada cruz, vio a un niño vestido de blanco mirando hacia el pueblo. En un momento de distracción, el niño desapareció, pero los dos perritos siguieron al infante y Mateo a los animales. Llegaron a una gruta y, a pesar de que el hombre tuvo miedo, con el tronco de un árbol hizo una escalera para bajar.

Ya adentro de la caverna, Mateo vio al Señor de Tila. Éste le dijo que ya no quería estar solo en aquel lugar. Encomendó al hombre que comunicara a la gente del pueblo su existencia. Después que fueran a buscarlo con música y lo llevaran a su templo. Mateo hizo lo que el Señor le dijo y un 14 de enero fueron por él a la cueva y lo bajaron al pueblo en donde ya se le había hecho su templo. En honor al elegido por la deidad, a la parroquia se le nombró San Mateo.

La gente del pueblo dice que en la cueva hubo una estalagmita en donde estaba plasmada la imagen del Señor de Tila. De la parte que correspondía a su cabeza salía agua bendita. Lamentablemente unos bandidos se la robaron; sin embargo, el agua siguió saliendo, pero cada vez más escasa. Durante la época de la persecución religiosa el Cristo volvió a la cueva para esconderse. Cuando pasó el peligro, fueron por él.