En la tradición oral mexicana aparecen muchas cuevas míticas, sin embargo, cada una tiene sus peculiaridades. César Pineda del Valle y Ana María Rincón Montoya recopilaron un relato, en Colonia Loma Linda del municipio de Ixtacomitán, Chiapas, en relación con este tema.

Era Semana Santa, cuando Eustaquio decidió ir a ver sus sembradíos como diariamente acostumbraba, su mujer le dijo que no fuera pues esos días se debían respetar. Él no hizo caso a la recomendación, se fue a su terreno, que se encontraba muy cerca de una cueva gigantesca.

En esa ocasión, inexplicablemente, tuvo el deseo de asomarse a la caverna y cuando llegó a la entrada una fuerza extraña lo empujó hacia adentro. Temeroso, regresó a su casa, le contó a su mujer, a sus hijos y vecinos lo sucedido, pero nadie le creyó.

Esa misma noche, soñó que estaba en la citada caverna y un hombre muy alto le dijo que él lo haría inmensamente rico, pero tendría que estar a las cinco de la mañana en la gruta.

Al despertar tomó su machete y un costal para traer el dinero que le darían. Con sigilo, se fue a la cueva y al llegar oyó una voz que le indicó que entrara sin miedo para darle el dinero prometido.

Eustaquio se aterrorizó y corriendo regresó a su hogar. Su esposa lo vio muy alterado y le preguntó qué le pasaba. El hombre narró lo sucedido y su mujer le dijo de inmediato, que si le habían prometido dinero, se hiciera acompañar de uno de sus hijos y regresara a la cueva.

Eustaquio y su hijo Manuel marcharon decididos hacia la caverna y al llegar a la entrada, el padre le dijo a su vástago que lo esperara afuera. El hombre entró solo a la cavidad, sin embargo pasó más de una hora y Manuel, al ver que su progenitor no salía, retornó a su morada para avisar a su madre y a sus hermanos.

Toda la familia y algunos vecinos fueron en busca de Eustaquio. Al entrar a la cueva lo encontraron muerto. Su cuerpo no tenía herida alguna, no se supo de qué murió. Desde entonces nadie volvió a entrar a esa caverna porque la gente del pueblo dice que está encantada.