Revisando los archivos de la Dirección de Monumentos Prehispánicos, esa memoria nacional que aún no se sabe dónde quedará reubicado, encontré un informe de Eduardo Martínez Cantón de 1918. Llama la atención cómo han cambiado las cosas y, sobre todo, los medios de transporte: unos quedaron en el recuerdo, otros desaparecieron, el caso del ferrocarril que intentaron modernizarlo con el “tren bala”, y del que hoy el gobierno parece plantear proyectos más aterrizados: un ferrocarril de carga.

Comienza con las instrucciones de viaje; en primer lugar se recomienda que algunos días antes de salir a las ruinas arqueológicas de Uxmal se gestionara la renta de carruajes o caballos en Muna, “el tuch del mundo”.

Otra alternativa era conseguir con el propietario de la hacienda San José, Humberto Peón, unos caballos. El viaje comenzaba por el ferrocarril de Mérida a Ticul, hasta la estación de Muna o el crucero de Uxmal, éste cerca de la Hacienda San José. De este sitio un camino carretero de cuatro leguas llevaba a la hacienda Uxmal. La otra ruta, de tres leguas, por un camino de herradura, partía de Muna a la hacienda Uxmal.

Se menciona que en esta hacienda había dónde dormir con comodidad, pero como en 1918 estaba abandonada no había quien proporcionara alimentos y por ello se recomendaba llevar pan y latería. A partir de la hacienda, a 1.5 kilómetros sobre un camino carretero a San Simón, estaban los monumentos. Se citan los nombres de esos monumentos y se hace breve descripción de ellos.

El reporte concluye con unas recomendaciones que son validas y que hoy cuesta más trabajo hacerlas cumplir por la falta de conciencia de los trabajadores: “Para la conservación de los monumentos se recomienda mantenerlos constantemente limpios”. También se hace una puntual mención de las labores de limpieza que en ese entonces se habían ordenado meses atrás. Ya “se había desmontado casi en su totalidad la Gran Terraza de la Casa del Gobernador, la Casa de las Tortugas etc., estando trabajando muy bien los empleados al cuidado de Uxmal”.

Había un reconocimiento del trabajo que hacían los guardianes, hoy recategorizados como “custodios especializados”, pero que, a pesar de las facilidades, hacen muchos menos que los antiguos vigilantes. Hay urgencia de que los custodios de zonas arqueológicas tomen conciencia con el fin de revalorar su función y abandonen los vicios que llaman usos y costumbres.