Pasados ya los tiempos de la ira y la pasión, vale la pena analizar las condiciones sociales en las que quedó nuestra sociedad. Bien se dice que después de la tempestad viene la calma, pero en estos menesteres del comportamiento social valdría la pena contribuir a que lo que se dice no solo sea cierto, también tendríamos que hacerlo verdadero, es decir regresar a la paz social.

La necesidad de esta contribución se debe a que todos y cada uno de nosotros, durante la práctica cotidiana, podríamos obligarnos a la ejecución de conductas pacificadoras, esto es así en virtud de que las condiciones generales de convivencia están en estado crítico.

Tal condición no surgió de la nada, fue algo que se ha venido concibiendo desde hace algunos años, basta recordar cómo una situación internacional durante los años ochenta nos trasladó de ser un Estado de tránsito a una nación de consumo de estupefacientes.

Por supuesto esto tiene efectos trascendentales en nuestro comportamiento social, sin que sea un asunto determinante; tal condición contribuye en buena medida a que nuestra convivencia se encuentre secuestrada por la inseguridad, además del estado de zozobra continuo que permea en todo el territorio nacional.

Ya concluyó una parte del todo aquello que representa nuestra complicada situación, la elección de autoridades, parte relacionada con nuestro inalienable derecho de alterar o modificar nuestra forma de gobierno; es así como el ejercicio democrático se consumó, pero solo es una parte del problema de la descomposición, se requiere avanzar y no detenernos, hasta lograr la pacificación social.

Claros síntomas de cordura se vieron en los últimos días después del proceso democrático, pero deberán permear y socializarse en todos los rincones de México, garantizando en todo momento que nadie se quede sin entender que iniciamos algo que no se puede detener: garantizar el Estado de Derecho.

La necesidad del bien común, situación que no nace en tiempos modernos, se presenta como aquel estado social en el que la aplicación de múltiples derechos debería de ser la garantía que nos permitiera nacer, crecer, vivir y desarrollarnos en armonía, por ello los grandes filósofos de antaño señalaron esta condición como la más importante para la convivencia en sociedad.

Los síntomas tras el suceso electoral tienen que ver con la cordura, que no es otra cosa que la capacidad de pensar y obrar con buen juicio y por supuesto mostrar prudencia, reflexión, sensatez y responsabilidad, todo ello con el único fin de concretar lo que estamos buscando como sociedad.

Ahora quienes somos parte de la sociedad demos muestras de cordura en el ejercicio cotidiano de nuestra ciudadanía. ¿O le dejamos todo a los poderes del Estado?