Jueves por la noche. El bochorno no nos deja tranquilos, pero algunos desafiamos la incomodidad del clima para trasladarnos a la Universidad Marista a escuchar la conferencia “Don Giovanni”, impartida por el escritor y crítico musical Gerardo Kleinburg, quien es conductor del programa “Escenarios” en Canal 22 junto al director de orquesta José Areán, que, a invitación expresa de la Orquesta Sinfónica de Yucatán, ha venido a charlar en torno a una de las óperas más revolucionarias de la historia de la música.

Al atravesar las puertas del auditorio, uno no se espera a más de 200 personas escuchando atentamente una plática sobre un tema tan farragoso como una ópera compuesta por Mozart, nativo de Salzburgo, hace más de 200 años. Pero, para mi sorpresa, así es. Risas y buen ánimo cunden entre las butacas, pues el diálogo, horizontal y sin pretensiones, hace un recorrido por las maravillas de esta composición con libreto de Lorenzo da Ponte, donde el ilustre italiano pareciera plasmar sus propias aventuras de Don Juan irredento.

Estrenada en 1787 en Praga, la obra es todo un suceso sin parangón, incluso para la época, ya que en aquellos aciagos años la corrección política todavía no nos inhibía de divertirnos con los yerros de un cínico seductor. Las innovaciones formales de esta puesta en escena son descritas con desparpajo por Gerardo, quien, apoyado por elementos multimedia, nos sumerge en el relato de la caída y redención del pillo amoroso más famoso de la literatura.

Todo lo anterior con la excusa de sensibilizar y contextualizarnos con miras al inminente estreno, el próximo viernes 15 de junio, en el máximo recinto cultural de Yucatán (el teatro de estilo neoclásico conocido como “Peón Contreras”), en 5 funciones que prometen ser de antología. Y es que no siempre se tiene la oportunidad de escuchar y solazarnos con el dramma giocoso del libertino, a quien ninguna reja ni muro puede detener para conquistar los favores de su famosa y bella Doña Ana.

-Donnn Giovaniiiiiiiiiiiiii… -se escucha por los altavoces del recinto, mientras Kleinburg, de manera accesible y desenfadada, habla del tema que le apasiona, seduciéndonos por alrededor de dos horas hasta que, finalizada su intervención, el público entusiasta se le acerca para felicitarlo e intercambiar un par de palabras, al tiempo que el fantasma de Casanova se asoma por entre las botellas de vino que ya se descorchan al amparo de la canícula meridana…