Después de ver tanto el debate nacional como el estatal, llama la atención que ninguno de los candidatos, sin importar partido o nivel, se haya preocupado por hacer propuestas en materia artística y cultural. Tal pareciera que, en la agenda política, la cultura sigue siendo el patito feo cuando se trata del crecimiento no sólo del bienestar ciudadano, sino socioeconómico.

En especial en un país como México y en un estado como Yucatán, donde la derrama de divisas está tan vinculada con el turismo cultural. Miles de fuentes de empleo se encuentran en este rubro, pero, más allá de ello, también aspectos como la seguridad y la calidad de vida. Lo mismo ocurre con el medio ambiente, que sí ha sido referido dentro de las agendas de los candidatos, pero únicamente cuando se le vincula con el tema energético.

Lo anterior es preocupante, sobre todo cuando tomamos en cuenta casos como el de Colombia, que ha dejado atrás un pasado caracterizado por la violencia, para iniciar una transformación impulsada con políticas culturales como punta de lanza de programas integrales orientados hacia una mejora continua, donde el arte no sólo es protagonista sino el núcleo que cohesiona los distintos tejidos que caracterizan la identidad de una sociedad.

Teniendo este modelo como caso de éxito, entre todas las soluciones posibles la cultura sigue sin tomar su lugar como una alternativa económica y como agente transformador de las estructuras de gobierno y de las políticas ciudadanas. Tristemente, cuando se habla de reformas educativas, las actividades artísticas permanecen ajenas a la discusión, tal vez porque la mayoría de los políticos concibe el arte como mera frivolidad y no como una urgente necesidad, a pesar de que la misma Unesco ha dicho hasta la saciedad que los derechos culturales son una parte ineludible y fundamental de todo ser humano sin importar el país del que se trate y, mucho menos, el gobierno en turno.

Bastaría con darse una vuelta por el llamado “primer mundo” para percatarse de que en esta materia nuestro país y nuestro estado se encuentran en pañales, siendo que somos una nación riquísima en este tipo de manifestaciones, pero que por alguna razón ha fracasado en explotar y monetizar su capital cultural, al tiempo que la brecha educativa y la desigualdad siguen haciendo estragos, simplemente porque ningún candidato se ha tomado la molestia de tomar este aspecto en serio.